¿Por qué las moscas se sienten atraídas por los excrementos?
Estos dípteros tienen una atracción irresistible hacia el escatol, un compuesto químico volátil que se origina a partir de la hemoglobina
El efecto de la contaminación del aire en las moscas: las hembras pierden interés por el sexo y los machos se cortejan entre sí

En el aire hay disueltas millones de sustancias que dan origen a los olores que percibimos. La naturaleza está plagada de aromas agradables como, por ejemplo, la mayoría de las flores, la madera o los cítricos, pero también hay olores desagradables, los que desprenden los cuerpos en descomposición o los excrementos.
En la nómina de los animales con mejor olfato se encuentra el elefante, que tiene casi cinco veces más receptores olfativos que el ser humano, la rata, la vaca, el caballo o los tiburones. En este listado también tenemos que incluir a las moscas.
Un radar olfativo exquisito
El olfato de las moscas está muy desarrollado, lo cual las permite detectar compuestos volátiles a grandes distancias y llegar sin dilapidar tiempo ni energía hasta la fuente. Esta «nariz prodigiosa» se encuentra localizada en las antenas, en donde hay unas neuronas –receptoras olfatorias- capaces de captar las moléculas que forman los olores.
Las moscas son capaces de diferenciar centenares de compuestos orgánicos volátiles a concentraciones muy bajas pudiendo, además, diferenciar olores químicamente muy similares.
Una vez que han sido identificados las neuronas receptoras generan una señal eléctrica específica que es enviada, a lo largo de un axón neuronal, hasta el centro olfativo primario del cerebro de la mosca (lóbulo antenal).
En este lóbulo hay dos clases de neuronas, unas que son, fundamentalmente, excitatorias y otras que son inhibidoras. Desde allí la información se envía hasta la zona cerebral que se encarga de regular el aprendizaje de las respuestas a los olores y a las regiones responsables de dar respuestas innatas a los olores.
Estas conexiones explican, entre otras cosas, por qué las moscas se cepillan de forma meticulosa y regular sus antenas, básicamente es una forma de evitar que haya sustancias que puedan dificultar la recepción olfativa.
La culpa la tiene el escatol
En los excrementos hay cuatro sustancias responsables del mal olor: indol, cadaverina, putrescina y escatol, los cuales se producen a partir de la fermentación pútrida. El indol se origina a partir de la degradación metabólica del triptófano, un proceso que es llevado a cabo por algunas bacterias (Bacterium linens y Clostridium sporogens) que poseen enzimas capaces de hidrolizar y desaminar el triptófano (triptofanasas). En este proceso bioquímico se genera ácido pirúvico, amoniaco e indol.
La cadaverina es un líquido incoloro que en contacto con el aire húmedo despide vapor y un olor fétido. Es un metabolito que se origina a partir de la descomposición de otro aminoácido, la lisina. Este líquido es el responsable del olor pútrido o a muerto. Un olor en el que también participa la putrescina, una sustancia producida a partir de la fractura de los aminoácidos.
Por último, el escatol se produce a partir de la disgregación de la hemoglobina, la proteína que se encarga de transportar el oxígeno en la sangre. Químicamente el escatol es similar al indol y contribuye al olor inconfundible de los gases intestinales.
Pues bien, las moscas sienten una atracción incontrolable hacia el escatol, ya que les ayuda, como si de un GPS se tratase, a localizar los excrementos, el lugar en el que depositarán sus huevos.
Estratégicas 'maternidades'
En general las moscas no suelen construir nidos, es decir, no edifican estructuras ad hoc para reproducirse, sino que ponen sus huevos en lugares estratégicos, que puedan ser utilizados por sus larvas como alimento.
Por esta razón, la puesta de huevos de algunas moscas tiene lugar en los excrementos o en la basura, ya que la materia en descomposición, al igual que las heces, contiene gran cantidad de bacterias, proteínas, minerales, grasas e hidratos de carbono no digeridos que utilizan las larvas en su alimentación.
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Habitualmente estos dípteros ponen hasta 2000 huevos a lo largo de su vida –entre 75 y 100 en cada puesta- que eclosionan en un día. Es entonces cuando necesitarán alimentarse, durante unos diez días, antes de crear el capullo. De éste acabará irrumpiendo la mosca adulta, tres semanas después. De alguna forma se producía decir que los excrementos actúan de estratégicas e improvisadas «maternidades».
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