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De la oveja Dolly a los miniórganos de laboratorio

Hace veinte años, el primer mamífero clonado abrió la puerta a prometedoras líneas de investigación

La oveja Dolly rodeada de fotógrafos, en el instituto Roslin, en febrero de 1997 ABC

Pilar Quijada

Hace veinte años, el 5 de julio de 1996, nacía la oveja Dolly . Presentada en sociedad seis meses después, fue el primer mamífero clonado a partir de una célula adulta no germinal. La técnica utilizada se denominó transferencia nuclear de células somáticas (SCNT, por sus siglas en inglés). En este procedimiento, se extrae el núcleo de un óvulo y se sustituye por el de otra célula adulta, que en caso de Dolly, procedía de la glándula mamaria de otra oveja.

El óvulo se estimuló artificialmente para que se dividiera y se comportara de forma similar a un embrión fertilizado de forma habitual, mediante esperma. El nacimiento de Dolly, genéticamente

Dolly envejeció mucho antes de lo habitual en su raza

idéntica a su progenitora, ya que carecía de genes paternos, abrió la caja de Pandora y los temores sobre la clonación humana se despertaron . Pero Dolly envejeció mucho antes de lo habitual en su raza y murió con tan solo seis años . Lo mismo ocurrió con otros animales clonados, lo que ensombreció las expectativas generadas. Sin embargo, en 2007, los temores se reavivaron cuando Shoukhrat Mitalipov , del Oregon National Primate Research Center, logró lo mismo en monos rhesus , con una técnica similar.

Previamente, en 2006, diez años después del nacimiento de Dolly, la investigación ya había dado un vuelco cuando Shinya Yamanaka logró convertir una célula cualquiera del cuerpo en otra «pluripotente», es decir, c apaz de originar prácticamente todos los tipos de células y tejidos, incluyendo un animal completo . Lo hizo primero en ratones y un año después en humanos. A estas células se las denominó células madre pluripotente inducidas, o iPS (por induced pluripotent stem). Derivan de células somáticas (como las de los huesos, la piel, los tejidos, los órganos o la sangre) y adquieren la pluripotencia sin necesidad de pasar por la fase embrionaria.

El «milagro» se producía con tan solo cuatro ingredientes, denominados factores de transcripción. La revolución fue tal que solo seis años después, en 2012, Yamanaka tenía ya el Premio Nobel en Fisiología o Medicina en su bolsillo . Ante el éxito, incluso Ian Wilmut , de la Universidad de Edimburgo y padre científico de la oveja Dolly , anunció que abandonaba la investigación en clonación terapéutica humana para pasarse a la reprogramación celular mediante las células iPS de Yamanaka.

Sin embargo, Mitalipov siguió investigando en la técnica que dio origen a Dolly y, en mayo de 2013, publicó en «Cell» un trabajo en el que demostraban que, por primera vez, se habían obtenido mediante transferencia nuclear embriones humanos clónicos que se desarrollaban hasta el estadio de blastocisto (la fase previa a la implantación en el útero), de los que se aislaron células madre embrionarias pluripotentes. La publicación estuvo rodeada de polémica, sobre todo después del fraude del científico coreano Hwang Woo Suk , que ocho años antes aseguró haber conseguido la primera clonación de células madre humanas en la prestigiosa revista «Science». Sin embargo, la trayectoria científica de Mitalipov es muy distinta de la Woo y avala su investigación. Su trabajo ha supuesto un espaldarazo a la clonación humana con fines terapéuticos , que no reproductivos.

Dos bandos

Hoy, las células madre embrionarias de Mitalipov y las iPS de Yamanaka mantienen una pugna , como explica el genetista Juan Ramón Lacadena en «Anales de la Real Academia de Farmacia»: « Los intentos de abrir las puertas a la clonación terapéutica humana puede que sean innecesarios si llega a hacerse realidad la reprogramación de células somáticas adultas utilizando las técnicas de Yamanaka, evitando con ello la obtención y destrucción de embriones humanos». Pero Mitalipov y su equipo argumentan que los embriones que ellos obtienen apenas tienen en su citoplasma ADN mitocondrial procedente de la célula somática donadora. Y eso puede suponer una ventaja frente a las iPS para las enfermedades que afectan a las mitocondrias.

De momento, las iPS son capaces de generar miniórganos funcionales en 3D en placas de laboratorio . La lista es amplia: estómago, intestino, hígado, pulmones, ojos, corazón o incluso un pequeño cerebro. Estos miniórganos suponen una promesa para

La lista de minórganos es amplia: estómago, intestino, hígado, pulmones, ojos, corazón o incluso un cerebro

producir, a partir de las propias células del paciente, «repuestos» en el laboratorio, uno de los griales de la medicina regenerativa, que puedan ser después trasplantados sin la amenaza de sufrir un rechazo. Las iPS son también interesantes para probar fármacos en cultivos celulares de cualquier tejido obtenido a partir de células de la piel del paciente, lo que permitirían diseñar tratamientos personalizados. Y, en combinación con el sistema de edición genética Crispr/Cas9, las iPS permitirían crear líneas celulares con alteraciones génicas a la carta para su posterior estudio. La elusiva medicina regenerativa, algo más cerca.

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