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CULTURAL MADRID 13-07-2013 página 6
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CULTURAL MADRID 13-07-2013 página 6

  • EdiciónCULTURAL, MADRID
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Portada 06 tancia, la lejanía, te permite mitificar. Con este libro he querido construir un mito en torno al Museo del Prado. La pinacoteca tiene una carga histórica y teórica tan apabullante que muchos españoles no se atreven a entrar en ella porque les parece un ejercicio de intelectualidad suprema. Lo que quiero es crear un mito en el que se demuestre que al Prado también se puede ir para sentir, no solamente para estudiar. Y que el arte de ciertos periodos históricos, entre ellos el del Renacimiento, no buscaba únicamente la historicidad, la enseñanza religiosa, el recuerdo de un personaje o de una situación: buscaba también el impacto emocional. En El maestro del Prado promete escribir sobre nuevos misterios. Uno de ellos es el encuentro de George Washington con un mensajero durante la campaña militar contra los ingleses, en 1777. Fue en Valley Forge (Pensilvania) Esa campaña militar es la que termina decidiendo la independencia de las colonias americanas respecto a la metrópoli, y en aquel tiempo Washington no las tenía todas consigo. Debe embeberse de un espíritu casi místico para arrastrar a sus hombres y vencer a los ingleses. Y el espíritu mesiánico lo saca de esa experiencia. Probablemente fue un sueño, pero cuando estudias el impacto de los sueños a lo largo de la Historia de la Humanidad, descubres que muchos grandes momentos han sido impelidos por este tipo de situaciones. Incluso avances científicos: Mendeleiev enuncia la tabla periódica de los elementos químicos después de un sueño. ¿Dejó Washington constancia de esa visión? Él no, pero sí sus primeros biógrafos. Le pasó lo mismo a Napoleón Bonaparte. En la campaña militar de Egipto, pasó la noche de 12 al 13 de agosto de 1799 dentro de la Gran Pirámide. Solo. Sale desfigurado, como si le hubiera pasado o hubiera visto algo terrible. Aunque os lo contara, no me ibais a creer le dice a sus soldados. Cuando Napoleón se exilia en Santa Elena vuelve a repetir lo mismo: No puedo contarlo, nadie me iba a creer Este hombre, allí dentro, tuvo una visión, y esa visión probablemente marcó su vida. Después de haber perdido 33.000 hombres y una flota de trescientos barcos que le hundió Nelson, regresa de Egipto transfigurado, con una certeza casi metafísica de que él va a ser el señor de Europa. Yo creo es mi visión romántica que la obtuvo aquella noche en la Gran Pirámide. Al parecer, el Papa Pío XII habló con un ángel en los jardines privados del Vaticano. Es una leyenda que corrió de boca en boca en Italia durante el siglo pasado y que salió en prensa en algunas ocasiones. No he podido comprobarla en ninguna fuente cercana. Hay algunas cartas de amigos del papa que mencionan ese encuentro con un ángel. Si pudiera acceder a los papeles secretos de los archivos del Vaticano, esa sería una de las consultas que haría. Si existen los ángeles, los mensajeros, también existirán los demonios. Claro. Esa es la grandeza del ser humano, que puede actuar como ángel y como demonio. Pero cuidado: las descripciones bíblicas de ángeles que encontramos en el Antiguo Testamento se refieren a personas de carne y hueso, no se refieren a personajes alados, etéreos. Por ejemplo, cuando Abraham se encuentra con los ángeles que van a Sodoma para avisar a Lot de que Dios ha decidido destruir Sodoma y Gomorra, esos ángeles se sientan a la mesa de Abraham, comen el alimento de Abraham, y cuando llegan a Gomorra son deseados sexualmente por los habitantes de la ciudad, porque los ven carnales. Ese es el ángel que a mí me interesa. ¿Y el ángel que visitó a María? Es un ángel del Nuevo Testamento. Se le manifiesta y le anuncia que está encinta, pero es un ángel onírico. Bruto, el ahijado y asesino de Julio César, también se habría tropezado con un mensajero, según cuenta Tácito. Ese encuentro aparece en textos clásicos y no sorprende demasiado, porque los romanos creían en los espíritus, en los fantasmas. Hay historias de fantasmas en toda la Roma imperial; historias de apariciones, del más allá, de visiones de personajes en momentos decisivos de batallas. Usted ha estudiado la posibilidad de que América no fuera descubierta en 1492, sino unos años antes. Es un tema que en España es tabú, pero existen suficientes indicios arqueológicos que sugieren la llegada de navegantes europeos a América antes de Cristóbal Colón. Incluso hay historias que hacen suponer que el almirante tuvo acceso a información privilegiada. Es el caso, por ejemplo, de Alonso Sánchez, el prenauta que incluso tiene un mo- Los ángeles Los veo como seres de carne y hueso que en momentos importantes son capaces, con una frase, con una mirada, con una orientación sencilla, de cambiar el rumbo de tu vida Sus novelas He construido en torno a mi literatura lo más parecido a la figura de un trovador del siglo XIII numento en Huelva. Fue un náufrago que al parecer tocó costa americana antes que Colón y cuya nao se hundió en el camino de regreso. Antes de morir en La Gomera, le contó algunas cosas que había visto a Colón y que probablemente terminarían decidiendo su viaje al Nuevo Mundo. También está la historia del mapa de Piri Reis. Este año, 2013, se cumplen cinco siglos desde su elaboración. Fue un regalo para el sultán de Egipto; se elaboró en Turquía y lo hizo un histórico navegante turco llamado Piri Reis. El almirante Piri trazó un atlas del mundo: la mitad europea se perdió, no sabemos dónde está el mapa del Mediterráneo de Piri Reis. Pero conservamos la parte del mapa que muestra lo que hay más allá de las columnas de Hércules. Allí aparece la costa atlántica americana con elementos cartográficos sorprendentes. En 1513 Piri Reis cartografió el Amazonas, que no se había descubierto aún; dibujó en su latitud correcta la cordillera de los Andes, que se descubrirá en 1532, cuando llegó Pizarro a Cuzco; aparece cartografiado el Orinoco, que tampoco se había descubierto oficialmente en esa fecha; o las islas Malvinas, que no se descubrirán hasta 1592. Y en el texto que lo acompaña, el almirante Piri nos cuenta que ese mapa lo ha confeccionado no porque haya ido a esas tierras, sino porque ha consultado cartas de navegación muy antiguas que estaban en la biblioteca

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