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ABC MADRID 04-09-2003 página 13
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ABC MADRID 04-09-2003 página 13

  • EdiciónABC, MADRID
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13 JUEVES 4 9 2003 ABC Nacional REACCIONES Jesús Caldera Portavoz del PSOE en el Congreso La remodelación del Gobierno tiene como objetivo resolver los problemas de las familias internas del PP y no los problemas de los españoles Como diría el señor Rajoy, es esta una decisión de continuismo sin complejos Lo que necesita España es un cambio sin complejos y no este nuevo gabinete que sólo es más de lo mismo Un gobierno que no solucionará los problemas de inseguridad ciudadana, ni la situación crítica que se vive en Irak, ni el precio de la vivienda que continua subiendo, gracias a la especulación, ni el acceso de los ciudadanos a la justicia Los pasajeros del tren de Chinchilla denuncian falta de seguridad en los vagones Bono descarta el riesgo de secesión al margen de la voluntad de todos los españoles El tercer Gobierno de la segunda legislatura del PP se perfila como un gabinete de transición entre el período aznarista y la futura etapa de Mariano Rajoy. Los pretorianos de Aznar salen reforzados, a medio camino entre el final de un ciclo y las incógnitas del nuevo liderazgo Un equipo de transición TEXTO: IGNACIO CAMACHO Gaspar Llamazares Coordinador general de IU Aznar ha llevado a cabo estos cambios para indemnizar a los agraviados en la sucesión y para paliar el dolor de los que se quedaron al margen del proceso de designación del nuevo líder del PP. Se trata de una indemnización compensatoria Iñaki Anasagasti Portavoz del PNV en el Congreso No hay novedades. Es más de lo mismo Los cambios introducidos por Aznar son un plato supercocinado desde hace tiempo que demuestra que hay gente que vale para todo, como Arenas, que vale para delantero centro, portero, árbitro y para reñir, para todo. Nos llama la atención esa capacidad Josep Antoni Duran Lleida Secretario general de CiU CiU seguirá enfrentado y confrontado con este gobierno en especial en lo que se refiere a su concepto y reconocimiento de la personalidad nacional de Cataluña Si Rajoy se ha comprometido con Aznar a más de lo mismo es lógico que el perfil del Gobierno corresponda a este compromiso del candidato del PP MADRID. El reparto del poder es como un rompecabezas, un puzzle que hay que resolver manejando variables de eficacia, sensibilidad, agradecimiento y unas gotas de sectarismo, imprescindibles para mantener viva la savia que alimenta el tronco de los partidos. El proceso recién abierto en el PP con la retirada de Aznar y la designación de Mariano Rajoy como nuevo líder orgánico requería un correlato de reequilibrio en el gabinete ejecutivo, el primero en la historia de la moderna democracia española que ha sido diseñado a dos manos, con la mirada puesta de un lado en el espejo retrovisor del periodo aznarista, y de otro en su proyección hacia un previsible futuro encabezado ya por el sucesor recién ungido. El tercer Gobierno de esta segunda legislatura del PP se perfila con toda claridad como un gabinete de transición, cuya referencia de fondo viene dada por la sólida expectativa de victoria en las elecciones de marzo de 2004. De algún modo, este ejecutivo recoge al mismo tiempo una compensación hacia los pesos pesados que han quedado fuera de la carrera sucesoria- -con la excepción de Jaime Mayor, prácticamente autodescartado tras el almuerzo en que Aznar comunicó su designio a su cinturón pretoriano- -y proyecta los rasgos de continuidad sobre los que el elegido deberá constituir su propio equipo si, como indican los sondeos, acaba en Moncloa a partir de la próxima primavera. La consolidación de Rodrigo Rato y Javier Arenas se manifestaba desde hace días como un obligatorio gesto de respeto al escalafón jerárquico del partido, al tiempo que como un reconocimiento al trabajo de los principales colaboradores de Aznar. Ascendido a vicepresidente primero, Rato ha sido reforzado con el nombramiento El refuerzo de Rato y Arenas se manifiesta como un obligatorio gesto de respeto al escalafón jerárquico Se trata del primer gabinete de la historia reciente diseñado a dos manos de Juan Costa al frente de Ciencia y Tecnología, una cartera cuyo control le había sido enajenado en 1996, pese a su visible conexión con el trabajo del equipo económico. Por su parte, Arenas asciende no sólo a la vicepresidencia de coordinación política, sino a la cartera más cercana al trabajo presidencial de la propia Moncloa. Las relaciones con las Cortes, el BOE y las comisiones de secretarios de Estado y subsecretarios, hasta ahora dirigidas por Rajoy, constituyen el grueso del trabajo puramente político del gabinete. Arenas se ha quedado, sin embargo, sin la portavocía del Gobierno, una tarea aparentemente vinculada de modo natural a su cartera, entregada a Eduardo Zaplana según un criterio clásico de distribución del poder que pasa por evitar la acumulación de responsabilidades para atomizar las influencias internas. No obstante, el diseño del nuevo aparato político de Moncloa da a entender que el nuevo ministro de Presidencia será el encargado de mantener el hilo directo con Rajoy en la marca de los tiempos, según el modelo de colaboración establecido también en el partido, donde Arenas será el vicesecretario general y teórico número dos del flamante delfín aznarista. Los cambios se completan con la presencia de Julia García Valdecasas en el departamento que deja vacante el propio Arenas, Administraciones Públicas, un nombramiento que constituye un evidente guiño a Cataluña. Aznar siempre ha querido contar con un catalán en su gobierno, y esa preferencia se antoja una verdadera necesidad ante la hipótesis de que el sucesor deba tender puentes al nacionalismo convergente en caso de una victoria sin mayoría absoluta. El guiño es más abierto aún al tratarse del ministerio encargado de la coordinación autonómica, y al haber sido su nueva titular la interlocutora del Estado con la Generalitat en los últimos siete años, como delegada gubernativa. Lo que queda pendiente, como una incógnita sólo soluble con el paso del tiempo, es si este último equipo bajo el liderazgo de Aznar tendrá una continuidad en sus piezas esenciales más allá del propio mandato. Dicho de otro modo: si Rato, Arenas y Zaplana serán o no los pesos pesados de un futuro Gobierno de Mariano Rajoy. En el caso de los dos primeros, la respuesta dependerá probablemente de sí mismos. Más aún en el de Rato, que toca techo a salvo de una hipotética oferta para Asuntos Exteriores. Arenas podría perfilarse como el brazo político del sucesor, a la espera del papel que Rajoy reserve a Ángel Acebes, uno de los favoritos de la complacencia de Aznar. El criterio continuista expresado el martes por Rajoy apuntaría a una oferta de colaboración más allá de marzo. El clima de decepción patente en algunos de los miembros del sanedrín actual del PP, exhala, no obstante, un cierto aroma de final de ciclo.

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