ABC MADRID 26-04-1988 página 26
- EdiciónABC, MADRID
- Página26
- Fecha de publicación26/04/1988
- ID0001641845
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26 ABC OPINIÓN MARTES 26- 4- 88 Prensa extranjera Lo esencial Podía esperarse mejor resultado. El total de votos de la mayoría es un poco corto. Pero el resultado del candidato socialista no lo es menos. No supone en modo alguno un éxito decisivo. Para los otros dos candidatos en liza, la segunda vuelta se anuncia reñida. La derecha no tiene ningún motivo para jugar la partida perdida. A menos que Chirac llegue a aunar a todas las mujeres y todos los hombres de este país que no desean la reelección del señor Mitterrand el 8 de mayo. El apoyo inequívoco demostrado ayer tarde por Raymond Barre al primer ministro es un síntoma estimulante. Queda el problema del señor Le Pen. Sorprenden sus excelentes resultados en la primera vuelta. Para ser elegido, el señor Chirac necesitará los votos que han ido al Frente Nacional y que sobrepasan con mucho los efectivos de este partido. Nos cuesta pensar que estos electores prefieran, el 8 de mayo, elegir o dejar elegir al señor Mitterrand. Pero vayamos a lo esencial. Lo esencial, para la derecha, es vencer al señor Mitterrand en la segunda vuelta. Y ello depende, en parte, de los electores del señor Le Pen. Hay que vencer al candidato socialista. Por dos razones al menos. La primera se refiere al fracaso de la izquierda en todos sus dominios, particularmente en el sector de la economía, durante los cinco primeros años del septenato. La mayoría actual ha enderezado la situación desde 1986, con buenos resultados. Pero que volverá a deteriorarse inexorablemente si los socialistas vuelven a ganar. La segunda va unida a los acontecimientos sangrientos que se desarrollan en Nueva Caledonia y Córcega. ¿Fue puro azar que los desórdenes estallaran la víspera de las elecciones presidenciales? ¿Cómo no preocuparse por el vínculo que establecen quienes los fomentan? En Córcega al igual que en Kanakie declara un comunicado del ex FLNC, el recurso de las fuerzas represivas conduce a una situación sin salida. Una pregunta resulta obligada: ¿Se trata de un movimiento espontáneo o estos problemas han sido preparados con la complicidad, directa o indirecta, de los socialistas? No podemos creer, sin embargo, que un candidato a la máxima dignidad del Estado haya dado su aprobación a una maniobra tan baja. Las palabras no son nunca inocentes. A veces matan. ¿Quién ha hablado en NuevaCaledonia de la fuerza injusta de la ley El señor Mitterrand. ¿Quién, en 1984, barría con una frase la abrumadora mayoría leal al referéndum? El señor Lemoine, entonces secretario de Estado para Ultramar: el país legal no es el país real ¿Quién, hace dos semanas, en su interminable carta a todos los franceses hizo un vibrante elogio del señor Tjibaou: Un hombre al que respeto Con quien las palabras van más allá de las. palabras El actual presidente de la República. Desde entonces, el señor Tjibaou ha ido más allá de las palabras. Sus partidarios han asesinado a cuatro gendarmes franceses en servició. A pesar de los liberados ayer, dieciséis de nuestros soldados siguen prisioneros. Max Clos. Le Fígaro París Planetario DESTINOS Y DESATINOS M ÓMO fue el estreno? Yo estaba j J en París, por eso no asistí me dice Gonzalo Torrente Ballester mientras hacemos turno para el besamanos de los Reyes en el Palacio Real. Ha leído ya el elogio de mi crítica a su espléndida prosa, relevo de la de Fernando de Rojas en La Celestina y comedidamente me lo agradece. Desde que Calisto ve a Melibea- m e permito decirle- la desea y la ama, su vivir ha cambiado. La muerte es su destino. Los rufianes que haces intervenir en esa muerte rebajan el destino a accidente, disminuye la tragedia. Alguien nos separa. Ya en el luminoso comedor de gala, el mundo de artistas, escritores, intelectuales, invitado con motivo de la efemérides cervantina, nos aleja. Pierdo la aguda réplica del viejo amigo, del ingenioso escritor. Me quedo con mi idea. No recuerdo quién escribió que la muerte hace la vida destino. El destino de Calisto es pagar el amor con la muerte. Lo mismo que el de Melibea. Leandro, aquel joven de Abydos, que ama a Hero, la bella sacerdotisa de Afrodita, muere ahogado una noche en que las aguas a! buen comer llaman José Ortega y Gasset, 83. S 402 15 83 Cervantes, 28. S 429 22 55 encrespadas del Helesponto le impiden cruzar a nado los ochocientos ochenta y cinco pasos del estrecho. Leandro llevaba por guía a Cupido. Siglos después, Calisto, a Celestina. Cuando los dioses abandonan a los hombres en sus pasiones, el Destino- mar para el griego, muro para el hispano- bien puede ceder su obra al puñal de los rufianes. Después de la recepción regia y antes del estreno en el Muñoz Seca, breve alto en Valentín años y años cenáculo de escritores, gentes de teatro, pintores, cineastas, en el callejón de San Alberto. José López Rubio, viejo y admirado dramaturgo y amigo, está allí con el profesor Alvarado, Muy gracioso tu Planetario de hoy- m e saluda- pero el embotellamiento de que hablas, en la calle de Alcalá, no era ante las Salesas. Caigo de pronto en la cuenta. Mi destino adverso no es un mar, ni un muro; menos fuerte que el primero, más puro que el segundo, es un bordillo. El bordillo de Medel. Llamarle Salesas a esa iglesia que se está viendo que es la de Calatravas, es un destino peor que mortal para un cronista de villa. López Rubio, habituado a los jardines de los actores, ya me ha disculpado este nefasto jardín de escritor apresurado. Frente a la iglesia renacentista y barroca de las Comendadoras de Calatrava, en el viejo café Lyon, que antes fue Teatro Japonés donde bailaba La Fomarina misteriosa hija de un guardia civil y una lavandera, se reunían en tiempos D Ors, Cossío, Zuloaga, Juan Cristóbal, Sebastián Miranda, Luis Calvo, Domingo Ortega. Quizá ha desaparecido aquel Madrid, Las Calatravas, sin embargo, siguen ahí, impasibles ante los atascos No muy lejos, las Salesas, en el remanso de Bárbara de Braganza, siguen velando el sueño de la reina portuguesa y de su marido, Fernando VI, muerto en melancolía. Mi tocayo, Fray Lorenzo de Nicolás, autor de la traza, me habrá perdonado el desatino. Lorenzo LÓPEZ SANCHO