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ABC MADRID 17-08-1966 página 31
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ABC MADRID 17-08-1966 página 31

  • EdiciónABC, MADRID
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A B C. MIEBeOtES IMS AGOSTO Ím tée 9 WJ QS jyÉ: -tÁ l AÍ Á. TÁGi 31. HA FALLEaDO EN NIZA SU AIÍTE- LUTO EN IÁ MIÍSICI ESPAÑOLA ZA REAL EL INFANTE DON JOSÉ EUGENIO DE BAVIERA Los restos mortales serán trasladados a Madrid, y la capilla ardiente quedará instalada en la Real Academia de Bellas Artes A las ocho de la tarde de ayer, martes, falleció en Niza S. A. R. el Infante don José Eugenio de Baviéra. Én el momento de producirse- el deceso rodeaban al Infante sus hijos y otros familiares. Hoy serán trasladados sus restos a Madrid, en un avión- taxi especialmente fletado. Ua capilla ardiente será instalada en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la que él extinto era director. Datos biográficos Uno de los españoles más claros de estirpe y de espíritu de nuestra época, espejo de caballeros, favorecido por las más elevadas, y por él después depuradas, dotes intelectuales y artísticas, ha sido el Infante don José Eugenio de Baviera y Borbón. Era hijo del Infante don Fernando de Baviera y Borbón y dé la Infanta doña María Teresa de Borbón y Habsburgo y Lorena. Nieto por la rama materna de Don Alfonso XII, sobrino de Don Alfonso XIII y primo del Conde de Barcelona. Había nacido el Infante don José Eugenio en Madrid el 26 de marzo de 1909, frente a la cripta de laAlmudena, en un palacete vecino del Palacio Real, y sentía por su ciudad natal, un inmenso amor, que rio dejó en el transcurso de su vida de evidenciar. En más de una ocasión se declaró con orgullo el mas madrileño de s familia. Al tiempo que recibía sus primeras enseñanzas comenzó a estudiar música, y la música se reveló en él como una gran vocación, para la que tenia condiciones- excepcionales, y que era, sin duda, Herencia de sus antecesores, de los Baviera, de Luis II el Rey loco que protegiera a Wagner. La formación musical del Infante don José Eugenio, con intensos estudios de piano y armonía, se desarrolló primero en Madrid, para recibir más tarde clases de interpretación pianística del célebre Alfred Córtot en L Ecole Nórmale dé Musique de París, completadas por dos cursos de musicología en la Sorbona. Sin embargo, la pasión qué el Infante don José Eugenio sintiera desde sus años de infancia y adolescencia por la música no le desvió de seguir la carrera de las Armas, de las que había elegido la de Ingenieros. A los veinte años sale con el grado de teniente dé la Academia de Guadálajara. Y continúa en activo en el Cuerpo hasta la proclamación de la República. Entonces marchó de España para el exilio con la Real Familia, fijando su residencia en Francia, en cuyo país contrajo matrimonio, en 1933, con doña Mafia Soktnge Mesía y de Lesseps, de las casas ducales de Tamames, Galisteo y Alba, y descendiente directa del in gentero don Fernando de Lesseps, constructor del canal de Sues, de cuyo matrimonio nacieron Doña Cristina, Don Fernando, Doña María Teresa y Don Luis Alfonso. Cuando se produce el Alzamiento Nacional, él Infante don José. Eugenio de Baviera, siente inmediatamente ía llamada del patriotismo y el deber, y con el nombre supuesto de José Martines se presenta para servir y combatir donde se le destiné en las fuerzas liberadoras. Su primo el Conde de Barcelona va con él impulsado por el mismo deseo. No es necesario hacer memoria ahora en este capítulo de las altas decisiotes adoptadas en aquellos instantes, respecto al segundo, puesto que son harto conocidas. Han quedado escritas y son historia. V El Infante don José Eugenio de Baviera combate en la guerra de Liberación con, un comportamiento brillante. Su actuación en los frentes deja huellas én su carne de soldado. En- el frente dé Teruel enfermó gravementey teniendo que ser hospitalizado. ¡Uña vez: ganada la paz, la carrera militar en su Arma de Ingenieros prosigue, y en Ía Escuela Politécnica del Ejército es más. tarde profesor de Electrotecnia. Desdé hace un tiempo, el infante don José Eugenio se hallaba en situación dé retirado en su carrera militar. rá vocación musical iba acaparando cada ves más su atención, y a esa vocación, cumplidos generosamente sus deberes castrenses, deseaba consagrar el resto de sus días, el tiempo de una fecunda madures. Conferenciante docto y ameno, ejecutante de extraordinaria sensibilidad y espléndida técnica, autor de estudios que le hacen sobrevivir como profundo musicólogo, él Infante don José Eugenio había sido elegido miembro de número de la Real Academia de BeUas Artes de- San Fernando el año 1949, En febrero de 1963 se le eligió como director de la- misma y a finales del año pasado se le reeligió. Muy bella la historia académica de don José Eugenio- -escribía nuestro crítico rmir sical con motivo de su elección de director- Historia de académico activo: compositores como Esplá, Rodrigo y Molleda han entrado dé su mano. Era caballero del Toisón de Oro; caballero de la. Orden Militar de Santiago; Baylio Gran Cruz de la Orden de Malta; vicepresidente del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid; caballero maestrante de Sevilla; collar de la Orden de Carlos III; Gran Cruz de Isabel Id Católica y de Alfonso X el Sabio; cruces roja y blanca del Mérito, Militar; Medalla dé la Campaña; Cruz de San Hermenegildo caballero de la Orden le San Genaro y Gran Cruz de la Orden Consiantimiána, y otras varias grandes cruces Sería difícil, imposible par muchos de nosotros, acostumbrarnos a los conciertos sin su presencia y presidencia: en perma- nente contraste con élí paüottl eíó! el Infante don José Eugenio de Baviera y Borbón no faltaba a ningún concierto hasta soñar s decir, con- su tranquila y valero sa bondad- -supo jugarse vida en el deporté más arriesgado y se la jugó también, sin alharacas; én la guerra- tne era bella muerte si llegaba en un concierto. El año pasado, cuando arrastrándose materialmente, presidía los conciertos del festival de Granada me dijo con la mirada y con la voz y con esa madurez de la melancolía de quién espera para pronto el fin que estaba contento por tenerme cerca. Hasta el fin cumplió con un deber que se había impuesto a sí mismo y por el que renunció a muchísimas cosas. Al comentar la musicalidad de 1 esta vida ejemplar se puntuaba sobre el Baviera, sobre el primer apellido. Es indudable que el nombre y la vida del desgraciado luis H, la vida musical en torno a la Corte de Munich, la música que parece ser la espuma en la sangre de los Wittelbaeh, explica mucho pero, a lo más, sólo la mitad, porque sería injusto olvidar que la abuela de José Eugenio fue nuestra Reina Regente María Cristina, música en serió, protectora en serio también de los artistas. Si por el apellido Baviéra podía venir a don José Eugenio la música como alucinación, por el Hausburgo, por su herencia y, sobre todo, por los recuerdos de niño, le vino la seriedad, el orden en él: esfuerzo, el hondísimo sentido de la responsabilidad. No pocos hemos sido testigos de la permanente exigencia hacia sí mismo de don José Eugenio. Recién terminada la guerra, el Infante abrió el salón de su casa los domingos por la tarde para oir y hacer música de cámara: cuando subíamos Serrano arriba nos parecía que la música, esperándonos y en aquella casa y con aquel señor de la casa, era el mejor símbolo de la paz. Don José Eugenio, que ya era pianista de mucho trabajo y mucho repertorio, tuvo él valor e hizo el sacrificio de rehacer su técnica con los consejos de Madame JLóng. Luego le vimos trabajar día tras día en el serio conocimiento de la música contemporánea: en ningún capítulo de la música quería ser aficionado, sino profesional, y ésa fue la causa de la plena dedicación del esfuerzo permanente. -Era capaz de darnos noticia exacta del nuevo sistema de construcción en los instrumentos de metal. Desde la presidencia de la Sociedad de Socorros Mutuos hasta el festival de ópera, todos y cada uno de los capítulos, sucesos, disgustos, rabietas, esperanzas, éxitos de la música española le tenían de espectador y de protagonista a la vez. Es una vida ejemplar en todos sentidos la que nos abandona. En la más alta cumbre dé la vida 1 social, representante a l a mano dé todos los prestigios históricos, fue don José Eugenio modelo de cristiana sencillez dentro de uii señorío- heredado, espontáneo en él por una cortesía extraordinaria; modelo en la misma vida social que sólo frecuentaba en tanto en cuanto era necesaria su presencia de músico. Cristianísimo en la vida, en la piedad, en la doctrina, tuvo siempre esa liberal y peculiar tolerancia que le hacía comprender a la Reina Isabel dé Bélgica y no dudar en el viaje a Varsovia para formar parte del Jurado internacional del premio Chopin, tolerancia que hablando política era siempre defensa dé la mesura, pero no miedo a la novedad. A veces, injustamente, se habla de los principes nórdicos cómo paréntesis, y excepción: injustamente, porque aquí, durante casi treinta años, un Infante de España ha compartido nuestra vida de músicos como un compañero, como un amigo. Altó, delgado, distinguidísimo, como hecho para que lo pintase un Velázquez, era Baviera y Borbón, pero era madrileftísimo de cepa, con ese acento singular qué fue consuelo mimado en los años de exilio, gracia después: como contraste al lado del poliglota cosmopolitismo. Desde el avisador de la Orquesta Nacional hasta el director general dé Bellas Artes, todos estamos de luto e inconsolables. -P. Federico SOPEÑA

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