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ABC MADRID 20-11-1954 página 7
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ABC MADRID 20-11-1954 página 7

  • EdiciónABC, MADRID
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ACE ahora un año, mi viejo amigo Antón Her édia- -amistad noblemente heredada de mi padre, amistad contrastada muchas veces y sabrosamente gustada en el saloncillo de la calle de la Aduana, del Casino de Madrid- -me citó en el no menos viejo Lyon d Ór. Estaba allí con su boina calada, sus barbuchas de marinero de palangre y pótala, las manos finas y pecosas y una bufandilla liada al cuello. Aquel hombre de supremas elegancias; que no! había querido invitar a su coto perdiguero a la realeza, ipara no dejar de ser dueño de su caza, confidente de Maura, dé Villa verde, generales y políticos; amigo y consejero de la aristocracia madrileña, cuñado del dictador Primo de Rivera y dotado de las más finas calidades espirituales, quería hacerme un regalo, el regalo de una carta. -Habéis dedicado vuestras páginas de A B C a distintos recuerdos de José Antonio- -me dijo- L ee estas líneas y mira cómo reflejan el alma y el corazón de un hombre del que se ha hablado mucho y al que todavía t sedesconoce en su dimensión hUmána. jsafw Cogí la carta con supremo respeto. Allá en Algeciras, cuando don Miguel Primo de Rivera fue teniente coronel del regimiento de Extremadura, JOsé Antonio, mi hermano José Manuel- -héroe- y víctima también- -y yo había- s mos jugado dé ehicuelos. Luego cada uno siguió su destino. Años adelante, José Antonio y yo habíamos charlado de las cosas de España, en Cádiz, ante el almirante Carranza, que a los dos nos distinguía con supremo afecto. Y ya no nos vimos nías. La carta temblaba un poco entre mis dedos. La leímos en voz alta Antón Heredia y yo, como en rezo a dos voces... -Estos renglones rectos, esta letra igual, armoniosa y clara; la (puntuación correcta, casi académica, ¿son de un hombre que va a morir luego? Hizo uh gesto Antón Heridla. Y afirmó: conforta. Una broma bondadosa hacia la Desborda el deseo de vivir. Pero palpita infantil indiferencia de los sobrinos, y la una conformidad de cristiano, que con es- solicitud de perdón. José Antonio, en su peranza y dulce temor se dispone a compa- belda de Alicante, en las horas cárdenas que anteceden al minuto final, ha conferecer ante Dios. sado con un sacerdote preso y está lleno Sin un reproche, sin una jactancia, sin de paz. Las últimas cosas que le unen a la acusar y sin defenderse. Ya como al otro tierra son los recuerdos de sus parientes, lado de la vida. y a ellos se dirige. El único reprocheü- reA la pluma del condenado a muerte acu- fiere a la dureza de éstos tiempos cüsT den en la madrugada del sacrificio los jevangéíico, fa a nadie áeusaí y aJ; odos en: nombres de los. parientes; euyo ejemplo le vuelve. H 7, a La carta ejemplar del condenado, cuya mano no tembló al escribirla, al saltar hoy al lector, culmina su definitivo objetivo. Demuestra cómo un creyente, que buscó eí bien de su país por el camino que consideraba más certero, llega a la hora de la muerte, en plena juventud, con todas sus ilusiones y todos los renunciamientos. Demuestra, también, cómo el morir, para uíi hombre, no sjcosa de tanta importancia, Luis DÉ ARMIÑAN

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