ABC MADRID 20-02-1954 página 3
- EdiciónABC, MADRID
- Página3
- Fecha de publicación20/02/1954
- ID0000477675
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DIARIO ILUST. R A D O D E F O R M AG i O N G E N ERA L m FUNDADO EN 1905 POR DON TOHCUATO LUCA DE TENA A plaza fuerte de. Calais había sido tomada por Eduardo III. Rey de Inglaterra, a Felipe de Valois, en 1347, haciendo de olía por entonces un Gibralíar ingiés. Dos siglos estuvo la ciudad bajo el dominio británico; hasta que en 1558 y tras un breve sitio recuperóla el gran Duque de Guisa, La alegría de Francia fue inmensa, y este feliz suceso contribuyó sobremanera a levantar su espíritu nacional, sumamente abatido por nuestra reciente victoria de San Quintín. Pero treinta y ocho años después, en 1596, las tropas españolas bajo el mando del archiduque Alberto volvían a conquistar Calais. Sin embargo, España, generosa y percatada de lo que para Francia suponía está mutilación, y no obstante la proximidad de Calais a los Estados de Flandes, nuestros entonces, la devolvían a Francia en el Tratado de Vervins. Precioso antecedente y testimonio ejemplar de lo que puede una buena y mutua amistad. Pero España no tuvo con el tiempo la fortuna de la nación vecina; y cuando a 4 de agosto de 1704 el príncipe de Hasse- Darmstad al servicio del archiduque Carlos, pretendiente a la Corona de España en la Guerra de sucesión, ocupa Gibraltar a nombre de éste, su bandera. tan española todavía como la de Felipe V su adversario, ondea muy pocas horas sobre el Peñón, porque eí almirante Rook, comandante de la Escuadra inglesa, le obliga a arriarla, sustituyéndola por la de su soberana la Reina Ana. De este modo inaudito comenzó el dominio inglés sobre Gibraltar. España empero no se conforma, y durante todo el siglo XVIII derrocha caudales sin cuento y sangre a torrentes para su recobro. En todas las negociaciones diplomáticas la devolución de Gibraltar es la cuestión primera y capital que se plantea, y con patriótico tesón Felipe V y Carlos III porfían un día y otro para que vuelva a España lo que el príncipe Darmstad había conquistado no para la nación inglesa, sino en nombre y para un pretendiente al Trono español. ITuestra debilidad momentánea y el abandono en que Francia nos deja consolidan la ocupación británica en el funesto Tratado de Utrecht. No importa: nuestros Reyes año tras año seguirán porfiando con la Gran Bretaña para que ésta acceda a su restitución; y tan justa es la causa y patente nuestro derecho, que hay un momento, en junio de 1721, que el Rey Jorge I, en una famosa carta suya a Felipe V, se muestra propicio a devolvernos Gibraltar. Mas como ests promesa no se cumple y fracasan las artes de la paz, vendrán las armas en, lugar suyo a sostener la demanda española. Tres empeñados sitios, durante el siglo XVIII, uno de ellos más largo que la Guerra de Troya, prueban cumplidamen- i te que España no renuncia un solo instante a recobrar lo que sabe que es suyo, porque Gibraltar y su pétrea mole es carne de su carne, que la roca en carne viva se. trueca cuando en ella se ha dejado una porción del alma nacional. España no DIARIO ILUS T R ADO DE INF O R M A GI O N G E NER A L grandes causas nacionales, como es la reintegración de un territorio, no prescriPor AGUSTÍN G. DE AMEZÜA ben nunca, y que des- de ice. Real Academia Española pues de muchos si puede olvidar que la gran Reina Católi- glos sigue vivo, perenne, aquel aforismo ca en su testamento, con profética vi- romano que en sus Universidades ella ensión y en una verdadera corazonada de seña también: Ubicumque sit res pro madre, había recomendado de un modo domino suo clamat. Pero este clamor insingular a sus sucesores la conservación cesante de España, por el recuerdo dolode Gibraltar. Corren ríos de sangre; gás- roso de tantos esfuerzos y heroísmos baldíos, se ha hecho lógicamente mayor tanse millones y millones de pesos; y en la infausta noche del 13 de septiembre ante el anuncio de la visita oficial que de 1782 la bahía y el Peñón todo se ven Isabel II, la Graciosa Soberana inglesa, iluminados trágicamente por eí espanto- piensa hacer a la plaza de Gibraltar al so incendio de las famosas baterías flo- regreso del ya emprendido viaje a sus dotantes, que España ha construido por ar- minios. Todas las fibras del alma naciobitrio de un iluso ingeniero francés para nal española, sin distinción de ideas, han tomar Gibralíar. Y en aquel terrible epi- vibrado dolorosamente al conocer este sodio se juntan y hermanan, aunque en- acuerdo del Gobierno inglés. Fría y obfrentadas de momento, dos respectivas jetivamente considerado, dando de maño virtudes nacionales: el heroísmo de. nues- a la violencia y a la pasión, cabe, pretros marinos, y la generosa humanidad del guntar: En realidad, es necesaria, incomandante inglés, que recoge y salva de dispensable, esta visita de la Reina inlas aguas y de tina muerte segura a cen- glesa al Peñón de Gibraltar? ¿No ha tenares de combatientes españoles, aco- dejado de hacerla a otras colonias suyas sados por las llamas de las funestas ba- también? ¿Qué gana, a la verdad, Interías flotantes, destrozadas por las más glaterra con llevar a cabo este propósicerteras. de Gibralíar. Rasgo noble y ca- to, a sabiendas de que con él España ha balleroso que tanto honra, a los genera- de sentirse justamente ofendida, y que, les ingleses, y que nuestros historiado- por otra parte, ella tan fácilmente pueres hidalgamente se complacen en pro- de evitar? Sin acordarnos ahora de nuestras relaciones comerciales, tan Inclamai. tensas, atengámonos tan sólo a las culFracasados todos estos intentos de re- turales, cada día más estrechas. Las Uniconquista, Gibraltar continuará siendo un versidades inglesas son centros fecundos puñal clavado en el corazón de España: de activo hispanismo. Los nombres bey si durante el siglo xix nuestras discor- neméritos de Fitzmaurice Kelly, de Thodias civiles no permiten acción práctica mas, de Entvvisfle, de C u n n i nghani alguna para su recobro, en nuestra me- Graham y otros muchos hispanistas han moria perdura el recuerdo imborrable quedado incorporados brillantemente a de todo, ese largo proceso que es la his- las letras españolas. España corresponde toria moderna de Gibraltar: una ocupa- también a esta buena inteligencia cultución antijurídica; los esfuerzos tenaces ral, y cuando vienen a Madrid profesode todo orden durante un siglo casi en- res y artistas ingleses, a las recepciones tero para el restablecimiento de nuestro que en su honor organiza el simpático Insderecho, y la inutilidad a la postre de tituto Británico, acuden académicos, catodos ellos. Quédale a España tan sólo tedráticos, intelectuales españoles, para la esperanza de que llegue un día en que saludarles con afecto y cordialidad No Inglaterra, justa y comprensiva, como lo hace muchos días, cuando era más tiranha sido en pocos años con Irlanda, con la te la tensión popular por conocidos suIndia, con Birmania y acaso, en breve con cesos, fuimos muchos los concurrentes Egipto, quiera en una negociación honro- al homenaje que el mismo Instituto trisa, y conservando los provechos y utili- butó al profesor C. Hollis, y lo hicimos dad que para ella pueda tener todavía el así, deliberadamente, para aue no pudiePeñón, devolvérselo a España. Inglaterra, ra interrumpirse esta noble tradición. patria de tantos insignes juristas, asiento de una justicia ejemplar y magnifica, Que la graciosa soberana inglesa tiecomo acaso no la tenga ningún otro pueblo del mundo, sabe muy jbien que las ne pleno derecho a realizar esta visita ¿quién, serenamente pensando, puede negarlo ni ponerlo en duda siquiera? Pero p. n la vida de los hombres y de los pueblos hay algo más también que el estricto derecho; hay una palabra que califica nuestros actos, que debemos tener muy presente en todos ellos, pues es inseparable del acierto, la palabra discreción La discreción es como la síntesis y cifra de todas nuestras facultades cuando actúan; es hija de la razón, herHIGIENE mana de la sabiduría, compañera de la DENTAL prudencia, luz y guía de todo buen obrar. COMPLETA Santa Teresa decía de ella que es gran cosa para gobernar Cervantes hace de la discreción, asimismo, una de las mayores virtudes que puede poseer el hombre. y cabría citar ahora muchedumbre de elogios que nuestros scritores clásicos hicieron de ella. También Rieses la NORMAL Y CLOROFILADO L LT A