Una historia olvidada de 'La Dama de Elche', la estatua que Franco intercambió con Francia
El periodista Francisco de Cossío anunció a principios de 1941 en las páginas de ABC el inminente regreso: «Por lo que respecta al arte antiguo han ocurrido en España sucesos trascendentales»

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La Guerra Civil destruyó y dispersó importantes obras de arte de España, lo que se añadió a un pasado decimonónico repleto de cicatrices en el patrimonio nacional. En un movimiento propagandístico para hacer olvidar la catástrofe, el régimen franquista quiso hace justo ochenta años que ilustres víctimas artísticas de otras guerras, como la que trajo Napoleón a España, de otros saqueos y de otros azares volvieran al país por la puerta grande. Franco aprovechó su buena relación con la Francia de Philippe Pétain, que buscaba mostrar cierta (y probablemente ficticia) independencia respecto a la Alemania Nazi, para acordar el regreso de 'La Concepción', de Murillo, el tesoro de Guarrazar, los capiteles de Montealegre, el estelón de Tajo Montero, la colección de esculturas hispánicas del Museo del Louvre, los documentos del Archivo General de Simancas, lo que incluía el tratado que siguió a la derrota francesa en la batalla de Pavía (1525) y la especialmente anhelada 'La Dama de Elche'.

Así anunciaba el periodista Francisco de Cossío a principios de 1941 en las páginas de ABC el inminente regreso: «Por lo que respecta al arte antiguo han ocurrido en España sucesos trascendentales. Unos, derivados, de la recuperación de objetos artísticos; otros, que tienen carácter más internacional, como la vuelta a España de la Concepción, de Murillo, y de La dama de Elche, en un cambio de objetos entre los Gobiernos francés y español. Suceso de gran trascendencia para el arte nacional es el de ver el Museo del Prado totalmente recuperado y enriquecido con nuevas obras. Se cierra con ello el paréntesis de inquietud en aquellos azarosos días de guerra, en que temíamos por este tesoro».
'La Dama de Elche', una escultura íbera realizada en piedra caliza entre los siglos V y IV a. C., fue hallada el 4 de agosto de 1897 en la loma de La Alcudia por un jornalero y solo unos días después el arqueólogo y profesor Pierre Paris, de la Universidad de Burdeos, realizó los trámites para llevar la figura al Museo del Louvre en París por 5.000 pesetas. Entretenido el país en asuntos de tanta gravedad como el asesinato de Cánovas del Castillo el 7 de agosto de 1897 o la guerra de Cuba, apenas reparó la prensa en la importancia de este descubrimiento y en la pérdida que supuso su inmediata salida.
En los siguientes años, a la vista de la importancia histórica de La Dama, se sucedieron los intentos desde España para que la escultura regresara a casa. Incluso Pierre Paris se mostró a favor de esta posibilidad, pero la Guerra Civil, que tantas obras llevaría al desastre, interrumpió también las gestiones e hizo que fuera Franco, deseoso de llevarse méritos culturales, quien logró un acuerdo con Francia que incluía un conjunto mayor. A lo largo del mes de febrero de 1941 fueron cruzando la frontera las obras, entre ellas la escultura íbera, como así narró el diario ABC el domingo 9 de febrero:
«A las cuatro de la tarde entró en la estación de Port-Bou el tren que conducía las joyas artísticas devueltas por Francia a España entre las que figura 'La Dama de Elche'. Esperaban la llegada, para hacerse cargo del tesoro, el comisario del Patrimonio Artístico Nacional en la zona de Levante, D. Luis Monreal, y el capitán de Artillería afecto al Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico, D. Ángel Olivera, quien ostentaba la delegación del Gobierno español. Al frente de la expedición llegó el conservador del Museo del Louvre y delegado del Gobierno francés, M. Rene Hugues, el cual, una vez en Port-Bou, hizo entrega a los Comisionados españoles de las 35 cajas, por un peso total de seis toneladas, que contienen el tesoro».

Aunque Franco lo mantuvo en un segundo plazo, el Gobierno de Pétain no entregó las piezas a cambio de nada. Entre las obras que hicieron el viaje inverso se encontraron el retrato de Antonio de Covarrubias, de El Greco, un retrato de Mariana de Austria, de Velázquez o el tapiz 'La riña en la Venta Nueva', de Goya.
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