exposición
El verdadero coutourier
Con motivo del cuarenta aniversario del fallecimiento de Cristóbal Balenciaga, llegan a Galicia sesenta imágenes realizadas por el fotógrafo de moda, Manuel Outumuro, y nueve trajes originales forman la muestra que le rinde homenaje

Es el único de nosotros que es un verdadero couturier». Con estas palabras, Coco Chanel reconocía la maestría del creador de una nueva silueta para la mujer. Cristobal Balenciaga revolucionó la alta costura occidental gracias a su experimentación con la construcción y sus creaciones conceptuales. En medio de la revolución juvenil de los años 60 y el triunfo del prêt-à-porter , el modista vasco sorprendió a público y crítica, consagrándose como el diseñador español más importante de la historia. Hijo de marinero y costurera, Balenciaga nació en Getaria en 1895.
El oficio de su madre, que contaba con la marquesa de Casa Torres entre sus más distinguidas clientas, le permitió un prematuro contacto con el refinamiento y los exclusivos gustos de la élite aristocrática. Entre trajes de las mejores sastrerías inglesas y elegantes toilettes de casa de costura parisinas, el joven artista dio rienda suelta a sus extraordinarias aptitudes para la costura y, de la mano de la marquesa, se formó en establecimientos como Casa Gómez o New England.
Con tan solo 22 años, emprendía en San Sebastián su ambiciosa empresa de alta costura que, años después, extendía a Madrid y Barcelona. El estallido de la guerra civil lo conduce a París donde embelesa al público con colecciones de influencias historicistas y claras reminiscencias de la vestimenta tradicional española. Apasionado de Velázquez, Zurbarán, Goya o Zuloaga crea colecciones en las que predominan las siluetas princesa y la combinación de tejidos majestuosos con ricos bordados de azabache y encaje negro. En la década de los 50, Balenciaga juega con los volúmenes convirtiendo las faldas balón, la túnica o el vestido saco en auténticos hitos de la moda que permanecerían en el tiempo.
En los 60 su dominio de la técnica se evidencia en el talle imperio y los volúmenes en torno al talle. Incorpora las botas altas los materiales de plástico en la alta costura y el vestido sari que luce Elisabeth Taylor en 1965 quedará inmortalizado en la historia de la moda. Cincuenta años después de que abriera su primer negocio de costura, Balenciaga anuncia su retiro. Su último trabajo, el traje de novia de Carmen Martínez-Bordiú, con el que contrajo matrimonio el 8 de marzo de 1972. Una semana después, el creador fallecía en Alicante. Cuarenta años y diez días después, Novacaixagalicia viste de Cristobal Balenciaga su sede en Santiago de Compostela.
Desde el 3 de abril hasta el 23 de junio, el modisto de Getaria será protagonista en la capital gallega gracias a las sesenta imágenes realizadas por el reconocido fotógrafo de moda, Manuel Outumuro, y nueve trajes originales que pertenecen a la Fundación Cristóbal Balenciaga Fundazioa. Con «Mirar y pensar Balenciaga. Fotografías de Outumuro», el artista orensano se acerca a la figura del diseñador desde la contemplación y la reflexión.
Sus instantáneas en gran formato recogen modelos creados entre 1935 y 1968 enfocados desde una doble vertiente. La observación, que permanece en la superficie luminosa de lo contemplado, en la apariencia admirable de la prenda observada y en el placer estético de la belleza de las composiciones y los tejidos; y lo que empuja al observador a pensar en todo lo que pretendió el modisto al crear cada pieza, aquella que incita a seguir los vericuetos de la mente del creador en su recorrido desde la construcción de la prenda hasta el cuerpo de la mujer.
Justo es en esta etapa en la que Balenciaga alcanza su mayor significado como historiador, artista y antropólogo y son las imágenes de Outumuro las que nos acercan al componente filosófico de las obras del modisto. Completan la muestra nueve piezas de indumentaria originales con sus correspondientes maniquíes, realizados por Carmen Lucini, quien los adaptó con excelencia a las necesidades de cada creación. Tres abrigos, dos vestidos de cóctel y dos de noche, además de dos conjuntos, acompañan a Outumuro en su recorrido visual, emocional y reflexivo a través de la obra y de la personalidad del verdadero costurero.
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