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ABC Cultural

Leonard Cohen: «Escucho siempre a Enrique Morente»

El canadiense y reciente Premio Príncipe de Asturias publica, el 31 de enero, «Old Ideas»

BORJA BERGARECHE

Leonard Cohen cumplirá 78 años en septiembre. Su última gira duró tres años y dio 247 conciertos que le conectaron con toda una nueva generación de seguidores, incluida una memorable sesión de tres horas en Baracaldo (Vizcaya) que le hizo desplomarse dos días después en su actuación en Valencia. Dejó de fumar, pero se ha propuesto recuperar el vicio a los 80.

Así que en 2014 espera estar en la carretera con su último disco, «Old Ideas» , que ABC ha escuchado en primicia esta semana en Londres. Ver entrar a un menguante Leonard Cohen en el pequeño auditorio del Mayfair Hotel , rapado y ataviado con su característico sombrero negro y traje de rayas oscuro, puede engañar a los sentidos. Su porte es ligero, como si quisiera pasar por la vida haciendo el menor ruido posible. Su actitud es humilde.

Atento siempre con cada uno de los periodistas reunidos para escuchar con él su nuevo trabajo, el primero desde que publicó «Dear Heather» hace ocho años. «No os preocupéis, voy a mirar al escenario como vosotros, así que no veré vuestras caras», dice antes de la audición. Pero llena la escena sin quererlo con su aura de contornos afables y su sentido del humor ilustrado.

Son diez canciones en las que Cohen ha subido el volumen espiritual de sus letras

«Old Ideas», producido por Pat Leonard (colaborador de Pink Floyd o Madonna) sintetiza el mejor Cohen en diez canciones en las que ha subido el volumen espiritual de sus letras, con una voz en ocasiones más grave y desnuda que nunca. «En contra de lo que cree la gente, es lo que ocurre cuando dejas de fumar. Pensé que iba a arruinar mi reputación y que mi voz se convertiría en soprano», explica. «Pero me he propuesto volver a fumar a los 80» .

Su último disco es quizás la mejor muestra del Cohen orfebre de las palabras y los susurros de amor, y en su edición española incluye un libreto con sus letras adaptadas por Joaquín Sabina . «Sé que nunca me amaste, pero por qué no me quieres un poco de todas formas», dice en «Anyhow» . Incluye, además, impresionantes letanías de rabia religiosa como «Amen», de más de siete minutos, una larga oración «para cuando esté limpio y sobrio» en la que pide a Dios que le avise «cuando las víctimas estén cantando, cuando las leyes del remordimiento hayan sido restauradas».

En «Come Healing», Cohen eleva un «himno penitencial» cuyo destinatario discute. « ¿Para quién es apropiada la penitencia, para Dios o para el hombre? ¿Quién es culpable de esta catástrofe? », se pregunta. Pero se detiene cuando Jarvis Cocker, cantante de Pulp, le intenta adentrar en la charla en terrenos espirituales. «Debemos tener mucho cuidado con esto de las mecánicas sagradas, no quiero que me ocurra nada que me impida escribir», afirma con su sempiterna sonrisa en la boca.

Cohen afirma envidiar a los artistas que trabajan «en un clima de abundancia»

El disco incluye un espectacular blues de tonos oscuros, «Darkness» , con gotas de autorretrato irónico, como todo el disco —«No tengo futuro, sé que me quedan pocos días»—. En «Crazy to love you» toca la guitarra el propio Cohen, siempre tímido en cuanto a sus dotes en un arte que, como explicó en la ceremonia de entrega del Premio Príncipe de Asturias , aprendió de un flamenco que encontró en las calles de Montreal. Y se cierra con «Different sides», un tema «coheniano» puro, con el piano y teclados muy presentes en el disco, y el ritmo jovial de domingo soleado de clásicos suyos como «Don't go home with a hard on» .

Un disco fruto de versos compuestos disciplinadamente en estos años de trabajo en sus cuadernos negros. «Vivo con el miedo permanente de perderlos, he perdido muchos, algunos con obras maestras...», dice, volviendo siempre a la ironía sin pretensiones presente en otro de sus autorretratos en el disco: «Soy un capullo perezoso que vive en un traje» .

Artesano de la música

Cohen es, en realidad, un afanado artesano de la música, envidioso de artistas que trabajan «en un clima de abundancia». «Siempre me he sentido como rascando el fondo de un barril cada vez que compongo una canción», asegura. Y se muestra reverencial con sus fuentes de inspiración, como cuando confirma su «relación íntima con Lorca desde los 15 años, cuando encontré un libro suyo en una librería de segunda mano en Montreal».

A pregunta de ABC , afirma escuchar «mucho a Duquende, y siempre a Enrique Morente». Musas españolas de un poeta humilde que confirma con este disco el estado de gracia creativa que recuperó con su gira mundial de 2008 a 2011. «Tuvo un efecto muy energético para mí, antes de aquello no había hecho nada en quince años, me sentía como Ronald Reagan en su declive, que solo recordaba haber jugado el papel de presidente en alguna película», confiesa.

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