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ADREDE

Conversaciones «on-line»

Y una vez aquí, la máxima preocupación de los navegadores siguesiendo el paro

CHEMA AYASO

Los ciudadanos han encontrado en el mundo virtual la posibilidad de participar activamente en todo lo que concierne al mundo real. Identificándose con sus verdaderos nombres o mediante avatares o seudónimos («nicks»), han creado una perfecta fusión entre ambas realidades que utilizan con la mayor de las solturas para contar las cosas tal y como cada uno las ve.

Obviamente, muchas de esas conversaciones «on-line» están relacionadas con la crítica situación que estamos viviendo y la manifiesta incapacidad para aportar soluciones que han demostrado los políticos que hasta hoy se han encargado de gobernar. Así, se hace inevitable que todo aquél que esté interesado no solo en lo que está ocurriendo sino en lo que de ello se opina tenga que sumergirse en este océano de opiniones y aprender a bucear en él para extraer su esencia sin quedar atrapado en sus redes. Dicho y hecho…, ¡al agua patos!

Y una vez aquí, como no podía ser de otra manera, la máxima preocupación de los navegadores sigue siendo el paro. Pero contrariamente a lo que ocurre en otros medios de comunicación que por su naturaleza no permiten la interacción, en las redes sociales los ciudadanos aportan sus puntos de vista personales y, en una equilibrada miscelánea entre el lenguaje culto y el popular, he podido recoger voces que, por ejemplo, no están de acuerdo con las ayudas del REA, y lo explican de forma muy comprensible expresando que les parece insólito que un queso holandés no solo sea más barato aquí que en Holanda, sino que además también esté compitiendo a la baja con los quesos locales. Por esta parte, matiza este comunicador que este es un mal enfoque para este tipo de ayudas, pues solo consigue debilitar sensiblemente al sector primario de las Islas, motivo por el cual cree que corregir esto sería tal vez la manera más efectiva de hacer emerger la producción local y poder así competir con los precios de los productos de importación.

Al hilo de esta conversación, y leyendo a otros contertulios, se sugirieron otras muchas ideas sobre cómo aumentar la riqueza en nuestra Comunidad. Ideas que más que proponer exigen que todas las empresas que operen en nuestras Islas paguen sus impuestos aquí y que los créditos que se les den se hagan siguiendo criterios de producción, y se de preferencia a aquellas empresas o industrias que realmente fabriquen en Canarias, porque si no, las ayudas irán a parar a manos de lo que este contertulio dio a llamar «los importadores de siempre».

Una de las cosas más interesantes que tiene esto de las redes sociales es que, toda vez que se da rienda suelta a la participación, una continuada lluvia de ideas sigue llenando la pantalla del ordenador y, de entre ellas, pude rescatar que otra de las medidas que los políticos tendrían que llevar a cabo sería la de balancear todos los sectores productivos como única forma de evitar el «amiguismo», dice este avezado participante que matiza su intervención aseverando que mientras existan estos u otros intereses personales, a los que incluso se aventura a calificar como «intereses político-personales», es imposible que se pueda llevar a cabo ningún plan milagroso de recuperación de esos que lanza al viento el señor Paulino Rivero.

Otros contertulios se van añadiendo y enriqueciendo el chat, que prácticamente se ve invadido de intervenciones. Algunas de ellas hacen preguntas sobre los titulares de las empresas importadoras de harina en Tenerife y la propiedad de los silos del muelle en aquella isla, poniendo ambas cosas como modelo de lo anteriormente comentado. Muchas otras conversaciones, ya referidas al resto del Archipiélago, manifiestan su queja explicando que en las Islas nos hemos transformado en un mercado de consumidores en el que una élite empresario-familiar se dedica al mercado de la importación y al turismo, con la única finalidad de engordar sus propias cuentas corrientes, importándoles muy poco ni la economía de las Islas ni la de sus habitantes y que, cuando desde este ámbito se crea empleo, se hace contratando en unas condiciones que, según comentan los participantes, se identifican más con la explotación que con el empleo digno.

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