Convención Autonómica socialista en zaragoza
Zapatero pide a los dirigentes del PSOE que dejen de hablar de su sucesión en 2012
El presidente se ha deshecho en elogios a los sindicatos y a los empresarios por el acuerdo sobre pensiones
José Luis Rodríguez Zapatero dio ayer señales de no estar dispuesto a sucumbir a la presión de los barones del PSOE para que diga, antes de las elecciones autonómicas y municipales de mayo, si quiere ser candidato en 2012. El extremeño Guillermo Fernández Vara y el castellano-manchego, José María Barreda, son quienes más claro se lo han pedido, pero, excepto el madrileño Tomás Gómez, que ve un «error» ese debate ahora —básicamente porque rechaza el eventual liderazgo de Alfredo Pérez Rubalcaba—, todos lo quieren porque temen que el PP convierta estos comicios en un plebiscito sobre su persona. Y que el desgaste por el recorte de pensiones o la bajada de salario a los funcionarios les pase factura política a ellos y a los alcaldes socialistas.
El jefe del Ejecutivo se reunió con los barones en privado cuando llegó ayer a mediodía al Auditorio de Zaragoza para clausurar la convención autonómica y luego, en público, les advirtió que el pueblo español es «maduro, sensato», y sabrá discriminar unas elecciones de otras. «Quiero hacer un llamamiento al PSOE —dijo—, a todos los candidatos, a nosotros, al Gobierno: sí, tenemos elecciones por delante pero es más importante llegar a acuerdos» aunque sean impopulares por incluir recortes, le faltó añadir.
Salvo que sea realidad el comentario hecho anteanoche por José Blanco en un corrillo de periodistas —«está todo pensado. Hay hoja de ruta»— y, por tanto, Zapatero jugara ayer al despiste, todo parece indicar que no va a haber noticias sucesorias en los próximos meses. En este sentido, quedan la Convención de candidatos municipales en Sevilla, los próximos 12 y 13 de febrero; la reunión que tiene que celebrar del Comité Federal en marzo para aprobar las candidaturas, y el acto de apertura de precampaña en la plaza de toros de Vistalegre (Madrid), el domingo 2 de abril, para que el líder socialista diga algo al PSOE antes del 22 de mayo. Pero, a tenor de sus palabras ayer, no parece ser esa su intención. El líder socialista aprovechó la presencia de todos los presidentes regionales y secretarios de federación de su partido en la Convención autonómica de Zaragoza para pedir que no se enreden, porque «en 2011 tenemos que estar dedicados no a hablar del futuro del PSOE, sino del futuro de España».
Zapatero agradeció el «afecto» y «apoyo incondicional» tras un sábado de convención en el que la noticia fue el alud de mensajes que intentaban poner en valor su liderazgo tras una semana cuestionado. En especial los de José Blanco —ayer no se quedó a la clausura por asuntos familiares— y el presidente de la formación, Manuel Chaves. Antes de que interviniera el presidente del Gobierno, se había dirigido a los 2.500 asistentes que llenaban el Auditorio de Zaragoza —ayer sí, pero el sábado se vieron muchas sillas vacías— un Marcelino Iglesias que no desaprovechó la ocasión para marcar distancias con el lío sucesorio. Le brindó el apoyo «rocoso e inoxidable» de todo el partido para desarrollar sus políticas y también, y esto es lo importante, «para las elecciones de 2012».
«Nos complicamos»
Iglesias suele recordar que al secretario de Organización le toca defender la ortodoxia de la formación y ayer no fue menos: «Ya sé que hay debates a veces difíciles y que nosotros mismos complicamos, pero hay un partido sólido detrás del Gobierno, de su secretario general, apoyando firmemente sus políticas». Eso, en una semana en la que hasta Chaves dio por sentado que Zapatero no va a ser candidato en 2012, y en la que en el ambiente flotó la idea de que la nominación de Alfredo Pérez Rubalcaba es ya una realidad. El vicepresidente tercero escuchó ayer atentamente a Zapatero junto con buena parte del Ejecutivo. Rubalcaba, el gran favorito, a la cabeza. El jefe del Gobierno le mencionó en su discurso para agradecerle de pasada, junto a Valeriano Gómez y a Elena Salgado, una «decisiva» participación en la negociación con sindicatos y empresarios que ha dado lugar al acuerdo social más importante en España «desde los Pactos de La Moncloa» de 1977.
Enseguida dejó las cuestiones internas. Se notaba que Zapatero no quiere dejar pasar esta semana en que recogerá los «frutos» en forma de foto en La Moncloa el miércoles, con UGT, CC.OO. y CEOE. Al día siguiente, recibe a la canciller alemana, Angela Merkel, principal valedora ahora junto a Nicolás Sarkozy de la solvencia de la economía española. Y el viernes 4 asiste en Bruselas al Consejo de jefes de Estado y de Gobierno que va a decidir un nuevo modelo energético para los 27 y una necesaria «armonización fiscal» para que el euro no vuelva a ser atacado en tormentas financieras como las que ha padecido Europa el año pasado.
Ese fue ayer su mensaje a la militancia socialista en Zaragoza, y sobre todos a los barones, que se la juegan el 22 de mayo: comprendo vuestros temores electorales, pero estoy en otra cosa. Incluso afeó a quienes dicen que está acometiendo los cambios sin convicción. «Nosotros queremos una economía competitiva, no de subvención. Eso es la socialdemocracia. Queremos crear riqueza pero redistribuirla». Y se preguntó en voz alta qué es más de izquierdas, dejar que quebrara el sistema de pensiones abriendo con ello las puertas a un sistema de capitalización privada, o reformar el sistema trabajando todos dos años más, hasta los 67, y con unas pensiones que serán en el futuro «superiores» a las actuales.
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