Un joyero resiste un atraco a punta de pistola y a golpes
El ladrón huyó sin botín por la feroz respuesta del joyero, que casi pierde la oreja
Dijo que no y fue que no. Con gran coraje y aplomo, sin dudar un solo instante, Pedro se enfrentó ayer a su atracador, el mismo que le cortó parte de su oreja izquierda cuando intentaba hacerse con un buen montante de la joyería familiar que el asaltado tiene en el siete del Paseo de las Delicias. Pero al delincuente le salió la faena rana. No se esperaba encontrar a una víctima tan tenaz como Pedro.
Este joyero de 45 años abría su tienda como de costumbre a las 9.45 de la mañana. A las 10 entraba por la puerta el mismo hombre que dos días antes, el sábado, le había reservado dos alianzas de oro para grabar. «Le estaba esperando porque tenía que darme la señal de los 400 euros por los anillos y decirme qué ponía en los mismos». Justo cuando estaba escribiendo en el sobre y encima del mostrador los mensajes de las alhajas — «siempre tuyo» y «siempre tuya»— Pedro observó cómo su supuesto cliente sacaba un arma de la cintura.
Barrazo en la cabeza
En ese momento, el atracador le apunta con el revólver y le dice: «Me voy a llevar todo. Vamos a la cueva —refiriéndose a un sótano—. Ni se te ocurra pulsar el botón de alarma». Demasiado tarde, Pedro ya lo ha accionado y no tiene ningún reparo en advertírselo al caco. Además, la víctima se da cuenta de que el malhechor porta un arma falsa. «En la parte superior tenía una junta como los juguetes, así que le dije que no le iba a dar nada, que se fuera», señalaba ayer.
Las palabras de Pedro no resultan convincentes ni persuasorias para el ladrón, quien aprovechando que el dueño de la joyería sale del mostrador saca una barra metálica golpeando inmediatamente a Pedro en la parte izquierda de la cabeza, acción que le secciona parte de la oreja. El impacto hace que el agredido caiga sobre las vitrinas de su escaparate tirando la mercancía expuesta.
La valentía de Pedro, aun sangrando por el profundo corte, le hace levantarse de nuevo para intentar escapar. El delincuente le vuelve a coger y forcejean. Le zarandea en el suelo y no vacila en lanzarle otro porrazo que le alcanza el brazo izquierdo ocasionándole un arañazo. Continúan bregando, pero Pedro consigue zafarse de su agresor y pedir auxilio en la calle. Al venirse al traste su plan, el atracador sale escopetado de la joyería sin llevarse nada.
Después de lo ocurrido, Pedro se sentía «abrumado», sin embargo, con un talante más que optimista le decía por la tarde a su padre, su mujer y su hijo: «Hemos tenido mucha suerte; hay cosas peores en la vida».
Sexto sentido
Como si tuviera un sexto sentido, al hijo mayor de la familia, de 15 años, le dio mala espina el sábado el que sería el atracador de su padre dos días después. El individuo alto, delgado, con rasgos suramericanos, pero acento español no resultó convincente para el vástago. «Ese día estuvo quince minutos en la tienda. Observaba todo. Eligió las alianzas y salió del local para sacar dinero para la reserva. Tardaba demasiado y mi hijo sospechó», comentaba Eugenia, la mujer del afectado. Pero Pedro, con su carácter positivo, reprendió a su hijo: «No hay que pensar mal».
Como si nada hubiera pasado, Pedro volvió ayer a su joyería después de coserle con «infinitos puntos» la oreja. Regresó en autobús y se puso a ordenar la tienda atendiendo amablemente a todos los medios de comunicación y contando con tranquilidad el suceso a sus vecinos. En los 31 años que lleva funcionando esta joyería han sufrido dos robos, un atraco hace quince años y el intento de ayer. La comisaría de Arganzuela y la Brigada de la Policía Judicial investigan el caso para detener al delincuente.
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