El silencio de George Clooney
Llega a la gran pantalla un thriller dirigido por Anton Corbjin

Todo lo que promete esta película es, de antemano, atractivo y de buen paño. Empezando, por supuesto, por los trajes de su protagonista, George Clooney, pero también por el género al que se adscribe, el «thriller», los lugares donde se filma, en la peculiar y montañosa región italiana de los Abruzos, y hasta por la sorprendente combinación de nombradía y físico de la actriz de la película, Violante Placido…
Pero, su director, Anton Corbijn, parece más preocupado por tener un estilo que por tener una película, y algunos de esos atractivos de antemano se le enfrían en la propia palma de la suya.
Clooney, el centro absoluto del universo de esta película (también la produce), interpreta a un asesino a sueldo con la prima del retiro ya en la cara, un tipo muy, muy silencioso y supuestamente solitario, pero con cierta tendencia a liarse con señoras estupendas, lo cual convierte a su soledad en algo más bien de boquilla.
El director pretende que los silencios de Clooney y sus acciones secas, grises, sin punta (llamar por teléfono, mirar desconfiado aquí y allá, sospechar y ser sospechoso en el bonito pueblo en que se esconde…) llenen por sí solas los huecos que su historia va dejando; pero la impaciencia es una de las prerrogativas del género de la intriga, y no debe suponer algo así como un sifonazo a la chispa de la trama.
A pesar del título, quiere tener más de film francés que de película americana, y el compás de su trama podría recordar (siempre a años luz) aquel del samurái que interpretaba Alain Delon en la película de Jean Pierre Melville, también titulada «El silencio de un hombre».
El atractivo de George Clooney en la pantalla suele estar, además, en su extroversión, simpatía y facilidad para el verbo y la comedia, lo cual convierte su trabajo aquí en una especie de desafío: seco como un bacalao, filmado tan próximo que se le pueden contar los barrillos y lunares, y en ese justo medio entre el bien y el mal (mata como se toma un café Nesspreso) que desconcierta un tanto al espectador. Pero aguanta el tipo; aguanta la película (junto al gran contraplano que hacen la fascinante Violante Placido y el resultón Paolo Bonacelli, en el papel de cura de pueblo al que no se le escapa una); aguanta el peso de un «thriller» empeñado en diluirse por sí solo…
Sería impensable que alguien soportara a pie firme todo el entramado presuntuoso de «El americano» si en vez de George Clooney en primer plano estuviera, no sé, un actor belga desconocido. Por exprimir algo el jugo de la trama, parece que esta historia de redención en consonancia con el abrupto paisaje y el conflicto de callejuelas del pueblo hay que anteponerla a lo que es el mero tópico del argumento: un hombre perseguido, escondido, un nuevo encargo, un romance…, en fin.
Lo idóneo, pues, y si se quiere, es mirar más al centro del personaje de Clooney que a su entorno, aunque así uno se arriesgue a perderse el trozo de celuloide que le corresponde a la hija del actor y director Michele Placido.
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