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ABC Cultural

Las sábanas revueltas de JFK

El escritor Jed Mercurio recrea en «Un adúltero americano» la sexualidad compulsiva (y clínica) del presidente

DAVID MORÁN

Su nombre suena a pseudónimo y su tercer libro se ha confundido en algunos lugares con una biografía de sábanas revueltas y camas asaltadas, pero ni lo primero es cierto ni lo segundo del todo exacto. «Nuestro hombre es un ciudadano americano que ocupa un alto cargo en el gobierno, casado y padre de familia, que opina que la monogamia rara vez ha sido el acicate de un gran hombre», escribe Jed Mercurio (Staffordshire, 1966) en las primeras páginas de «Un adúltero americano» (Anagrama), novela que analiza la figura de John Fitzgerald Kennedy desde su vértice más oscuro y desconocido; el de mujeriego compulsivo y víctima de una interminable lista de dolencias médicas. «Las biografías de Kennedy siempre se detienen frente a la puerta de su dormitorio, ya que su matrimonio fue muy enigmático y muy pocas de sus amantes hablaron de forma pública o creíble», apunta Mercurio durante la presentación del libro en Barcelona.

Y el escritor inglés, médico de formación, ha utilizado la pértiga de la imaginación para traspasar esa última frontera y recrear los desmanes sexuales de un presidente que, tal y como le confesó al primer ministro británico Harold McMillan, sufría terribles dolores de cabeza si pasaba tres días sin acostarse con una mujer.

Apetito voraz

Así, manipulando ligeramente la realidad y echando mano de sus conocimientos médicos para diseccionar a un personaje aquejado de prostatitis, osteoporosis, rinitis, infecciones cutáneas, enfermedad de Addison y problemas de espalda, entre otras dolencias, Mercurio plasma la eterna contradicción que presidió la vida de Kennedy. «En mi libro, JFK es un santo en público y un pecador en la vida privada», asegura el escritor británico al tiempo que reconoce que se ha esforzado por dar la mejor imagen de Kennedy como presidente. «Decidí deliberadamente hacer el retrato más positivo del presidente para crear un gran contraste con su vida privada», explica.

Y es por esa vida privada

por la que desfilan desde su mujer Jacqueline a Marilyn Monroe y Frank Sinatra pasando por la infinidad de mujeres con las que el presidente saciaba su voraz apetito sexual. «Él creía que era un adicto en el sentido estricto: decía que se ponía enfermo si no tenía su “droga”, que es lo mismo que dicen los heroinómanos», explica Mercurio, dando a entender que el rumbo de la nación más imponente del mundo dependía de los encuentros sexuales de su mandatario.

El autor de «Bodies» subraya una y otra vez que «Un adúltero americano» es una novela, no una biografía, y quizá por eso mismo desvela que no siempre quiso abordar la figura de JFK. «Quería escribir sobre un personaje que tuviese una gran contradicción entre su vida pública y su vida privada; alguien que en su vida privada fuese adicto al sexo, y lo primero en lo que que pensé fue en escribir sobre una estrella del deporte», explica. «Si hubiese tenido un poco de visión de futuro podría haber escrito sobre Tiger Woods», añade con sorna.

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