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La economía de EE.UU. se paraliza y Bernanke se dispone a actuar

El PIB registra un crecimiento ocho décimas menor al anunciado hace apenas un mes

AP

A. FERNÁNDEZ

El miedo a que la salida de la crisis sea, para EE.UU., en forma de «W» lleva rondando los grandes centros de estudios económicos todo el verano. Si bien, ayer, el nerviosismo se palpaba con especial contundencia. Según la última revisión del PIB, la mayor economía del mundo creció cuatro décimas en el segundo trimestre del año respecto a los tres meses anteriores, por lo que su tasa anualizada se situó en un 1,6% entre abril y junio. Una cifra que obligó al Departamento de Comercio a «tumbar» sus optimistas previsiones realizadas hace apenas un mes, que situaban el crecimiento de su PIB en el 2,4%.

La claridad de los nuevos números fue escoltada por un nítido y esperanzador mensaje de la Reserva Federal (Fed). Su presidente, Ben Bernanke, se apresuró a aclarar que la entidad está preparada para activar «los estímulos monetarios que sean necesarios» en caso de que la economía estadounidense sufra un nuevo revés en su crecimiento. Lo cierto es que, por el momento, no responde a las medidas impulsadas por el Gobierno de Barack Obama para salir de la crisis financiera global y la economía estadounidense pierde fuelle.

El ritmo de crecimiento en el primer trimestre se había situado en un 3,7% y en los últimos tres meses de 2009 se fijó en un 5%. Aun así, la rebaja del PIB supuso un «colchón» para los mercados, que preveían un crecimiento de entre un 1,2% y un 1,4%. De hecho, Wall Street abrió ayer la sesión al alza, a pesar de que el anuncio de los datos macroeconómicos se hizo antes de que se iniciara la actividad en la Bolsa de Nueva York. Una actitud que contrasta con la caída generalizada que se produjo a principios de semana y que estuvo motivada por el desplome en la venta de viviendas en EE.UU. —un 27,2% en julio, el nivel más bajo en 15 años—.

Cambio de escenario

Sin embargo, este dato contrasta con la evolución de la economía europea. Hace pocas semanas se conocía el impulso del motor alemán con una subida del 2,2% del PIB en Alemania en términos intertrimestrales (3,7% en su tasa interanual), un crecimiento que se contagiaba a la zona euro con el incremento del 1% en el PIB de los dieciséis países de la Eurozona en relación con los tres primeros meses del año. Ambas cifras superan ampliamente el avance del 0,4% registrado por la economía americana.

La paulatina recuperación de la economía europea y la recaída de la estadounidense —que cobró fuerza con el paquete de medidas anticrisis anunciado por Barack Obama hace un año—, inicia una nueva partida a favor del euro frente al dólar, que pierde valor con respecto a la moneda única. El cambio oficial del BCE se fijaba en 1,26 dólares por euro.

Según el informe, la balanza comercial podría ser la causa de esta revisión a la baja del PIB estadounidense. Y es que las importaciones crecieron un 32,4%, el mayor repunte desde 1984, mientras que las inversiones empresariales se desaceleraron en este segundo trimestre del año. Como datos positivos, la Administración estadounidense destacó los beneficios de las compañías después de impuestos, que se incrementaron en un 25,5% en comparación con los primeros meses del año. El consumo ciudadano —lo que supone más de dos tercios del PIB— también registró un comportamiento alentador ya que entre abril y junio subió a una tasa anualizada del 2%, cuatro décimas más de lo previsto. Un repunte que también se reflejó en el gasto del Gobierno federal. Aun así, los datos definitivos no se confirmarán hasta el 30 de septiembre. La publicación de estas cifras coincidió con un simposio en Jackson Hole, Wyoming, que reunió a los jefes de los bancos centrales y a numerosos economistas para analizar el marco financiero global.

Mensaje de tranquilidad

Fue entonces cuando, para «curarse en salud», Bernanke aseguró que la Fed seguiría de cerca la situación para activar estímulos monetarios en caso de que fuera necesario. La prioridad, para el presidente de la Reserva Federal, es que la economía no se deteriore más. En este sentido, confirmó que la Fed cuenta con las herramientas necesarias para apoyar el crecimiento y evitar un escenario deflacionista en Estado Unidos, similar al de Japón. Pero antes de actuar, el presidente del banco central advirtió que quiere tener claro que los beneficios de los nuevos estímulos compensan los costes de la puesta en marcha de estos mecanismos. De hecho, esta misma semana desde Alemania se ha criticado la política expansiva de EE.UU., cuyo déficit público se acerca al 10% del PIB, y que contrasta con el ajuste europeo.

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