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¿Es posible ganar en Afganistán?

La masiva filtración de documentos por parte de WikiLeaks no aporta grandes novedades pero alimenta las crecientes dudas en EE.UU. sobre las posibilidades de victoria militar

PEDRO RODRÍGUEZ

Si algo ha conseguido el diluvio digital de documentos militares propagado por la organización WikiLeaks es fomentar tanto en Estados Unidos como en Europa el debate sobre la viabilidad de la guerra de Afganistán tras nueve años de combates y los redoblados esfuerzos del presidente Obama, que desde su llegada a la Casa Blanca ha triplicado el número de tropas americanas en la llamada "guerra necesaria" para evitar otro 11-S.

Con un balance hasta la fecha de 1.200 soldados del Pentágono muertos en el frente afgano y unos costes que van camino de superar los 300.000 millones de dólares, Estados Unidos y sus aliados se enfrentan a un enemigo que demuestra tener la iniciativa. Resistencia que se ha cobrado las vidas de 66 militares americanos este mes de julio , el más letal para las tropas americanas desde la invasión ordenada por la Administración Bush.

- Realidad y versión oficial

Las filtraciones de WikiLeaks dejan claro que el conflicto de Afganistán avanza mucho peor que la versión oficial manejada por la Administración Obama. Esta desconfianza se ha visto amplificada esta semana en el Congreso de Estados Unidos durante el debate de un presupuesto adicional de 37.000 millones de dólares para financiar operaciones militares en Afganistán e Irak. Aunque la Casa Blanca ha conseguido esos fondos, con un mayoritario respaldo de la oposición republicana, los reproches se han multiplicado sobre el uso de una deliberada confusión por parte del gobierno federal.

Mientras el Pentágono habla de progreso lento pero seguro, los últimos informes presentados ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas insisten en un preocupante retroceso en la seguridad de Afganistán. Según fuentes de la OTAN, de los 82 distritos afganos considerados como clave en este esfuerzo bélico, entre un tercio y la mitad se encuentran controlados por los talibanes. Con estimaciones de 30.000 combatientes irregulares, desplegados más allá de las zonas tradicionalmente controladas por los talibanes en el sur y este de Afganistán.

- Guerra de desgaste

En su conjunto, los documentos diseminados por Internet presentan una insurgencia en Afganistán "resistente y astuta", que intenta poner en jaque a las fuerzas aliadas a través de una guerra de desgaste. Durante la actual temporada de combates iniciada en primavera, los talibanes están demostrando que pueden eligir cuándo, cómo y dónde luchar, usando técnicas de sabotaje, engaño y acoso con bombas-trampa. Además de someter a las poblaciones bajo su influencia.

- El doble juego de Pakistán

A pesar del compromiso del gobierno de Islamabad para colaborar con Estados Unidos en la guerra contra el terror -incentivado con un presupuesto de ayuda por valor de 7.500 millones de dólares aprobado el año pasado por Washington- el servicio de inteligencia militar de Pakistán (ISI o Inter-Services Intelligence) sigue permitiendo que los talibanes encuentren refugio y se organicen dentro de su territorio. Con múltiples ejemplos de agentes y altos cargos del espionaje paquistaní en conexión directa con los líderes talibanes y posibles miembros de Al Qaida.

- El reluctante gobierno Kabul

La corrupción galopante y las elusivas lealtades del gobierno de Kabul siguen siendo un factor de debilidad en los esfuerzos para avanzar en el frente afgano. Con reiteradas dudas sobre la viabilidad de transferir mayores responsabilidades a las fuerzas de seguridad locales de Afganistán. Proceso dificultado entre otras cuestiones por la incapacidad demostrada por los aliados de la OTAN a la hora de facilitar suficientes especialistas para entrenar a las fuerzas de Kabul.

- Ofensivas cuestionadas

Bajo la nueva estrategia de la Administración, el Pentágono ha planteado dos grandes ofensivas en Afganistán concentradas en torno a las zonas de Kandahar y Marja para negar a los talibanes sus principales centros de influencia. Sin embargo, los resultados buscados con esas operaciones no se han materializado. Tras la conquista de Marja en febrero, organizar un sistema de gobierno civil ha resultado una misión bastante imposible. Mientras que en Kandahar, tras una serie de incursiones con operaciones especiales y combates en las inmediaciones de esa ciudad, los responsables militares de Estados Unidos han optado con retrasar porciones de su prevista ofensiva en la cuna de los talibanes.

- Sin final negociado a la vista

La estrategia de la Administración Obama, que aspira a iniciar una retirada de tropas para el mes de julio del 2011, insiste en el objetivo de aumentar la presión militar en Afganistán para fomentar una eventual solución negociada. Cuando el mes pasado el director de la CIA, Leon Panetta, fue preguntado sobre ese escenario su respuesta no pudo ser más desalentadora: "Nosotros no hemos visto evidencia alguna de que los talibanes estén realmente interesados en reconciliación, entregar las armas, denunciar a Al Qaida e intentar integrarse en la sociedad. No hemos visto evidencia alguna de eso y francamente, mi punto de vista es que en lo referente a la reconciliación, a menos de que estén convecinos de que Estados Unidos va a ganar y ellos van a ser derrotados, creo que es muy difícil proceder con ningún proceso significativo".

El general David Petraeus, nuevo comandante de Estados Unidos en Afganistán, ya ha avisado que el plazo de retirada fijado para el verano que viene dependerá de las condiciones sobre el terreno. Durante el próximo diciembre, la Administración Obama planea un profundo análisis antes de tomar decisiones adicionales sobre su contingente de 100.000 efectivos en el frente afgano. Pero los mandos militares americanos están dejando ya saber que no tienen suficiente margen de tiempo para demostrar el funcionamiento de la actual estrategia.

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