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grados

Las universidades se visten de estreno

Tras un complejo proceso de adaptación a lo marcado por el Tratado de Bolonia, las universidades estrenarán el próximo curso 245 titulaciones de Grado. Con ellas esperan una mejora de los resultados académicos

CRISTINA ROSADO

A partir del curso próximo 2010-2011, habrá un antes y un después para las universidades de Castilla y León. Empezarán a funcionar de forma definitiva las nuevas titulaciones de Grado, que adaptan la enseñanza universitaria española al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) establecido en el Tratado de Bolonia.

Sin dejar de lado la expectación por cómo se desarrolle el próximo curso, los nuevos grados convivirán aún unos años con las anteriores licenciaturas, diplomaturas e ingenierías. En total, las ocho universidades de la Comunidad implantarán 245 titulaciones de Grado el próximo curso.

«El Espacio Europeo supone un cambio de cultura docente, en la forma de dar clase, y discente, en la forma de aprender; hay que pasar de la tradicional lección magistral a aumentar y potenciar el papel del alumno, más relevante, y el del docente, más tutorial». Así resume parte del espíritu del EEES José María Marbán Prieto, vicerrector de Docencia de la Universidad de Valladolid.

Todos los responsables universitarios consultados coinciden en apostar por este nuevo modelo universitario, pese al laborioso trabajo que ha supuesto la elaboración de los planes de estudio, las memorias de los títulos y todos los trámites que ha conllevado esa adaptación a Bolonia.

En la Uva ya se ha podido estudiar en 2009-2010 el primer curso de siete titulaciones de Grado y el próximo curso serán 70 las titulaciones ya implantadas. Para Marbán Prieto, el proceso de adaptación ha sido «complejo desde el inicio», pero en la Uva han contado con proyectos piloto, planes de formación y de incorporación de nuevos sistemas a los títulos antiguos, muchos grupos de innovación docente, un intercambio de experiencias y esas siete titulaciones que echaron a andar este curso que acaba de terminar, medidas todas ellas que posibilitarán «no partir de cero el curso próximo sino con las ideas más claras y nos permitirán empezar con cierta ventaja».

Reajustes

El vicerrector asegura también que, «como matemático, lo tengo claro, quizá no se alcance el estado final de convergencia total; no se llega a la adaptación y ya está, sino que ahora queda implementarlo y reajustarlo en lo que no funcione para cuado llegue la evaluación dentro de seis años y que ésta sea lo más positiva posible».

Este vicerrector que hace apenas algo más de un mes que tomó posesión de su cargo, ha podido conocer de cerca la realidad de los nuevos grados al haber impartido clase en Soria este mismo curso en el Grado en Educación Primaria. Afirma que esa experiencia le permite «ser optimista» respecto a los resultados académicos de las nuevas titulaciones para los alumnos. «He visto resultados excelentes; de inicio, el alumno planteaba como crítica que trabajaba mucho, pero al final, ese trabajo era más continuo y constante y la evaluación también ha sido más continua».

Mercantilización

Respecto a las reticencias iniciales a este proceso, que lo tachaban de forma de mercantilización de la universidad, Marbán Prieto asegura que «se puede caer en ello, pero no es una consecuencia directa de la adaptación a Bolonia; la universidad no puede mirar a otro lado y no ver que forma a profesionales, pero eso no debe impedir que abandone la generación de conocimiento».

Y es que si en algo coinciden los responsables de las ocho universidades consultados es en que el cambio siempre genera ciertas reticencias y temores que se irán disipando con el devenir de esa nueva realidad académica.

En ello coincide José Ángel Domínguez, vicerrector de Docencia en la Universidad de Salamanca, que afirma que «de lo que se trata ahora es de que el alumno adquiera competencias y sepa afrontar los problemas reales que se va a encontrar en el mundo profesional y eso también exige conocimientos; el conocimiento hay que saber aplicarlo».

Para Domínguez, «tampoco se va a vender la universidad a la empresa o al mercado, sino que preparamos a los alumnos para que no sean esclavos del mundo laboral, sino que respondan y se defiendan». A su juicio, en los estudiantes que ya están cursando grados «se nota que participan más en clase, que resuelven los problemas que se les plantean, y en el mercado de trabajo se pide personas proactivas».

La Universidad de Salamanca fue la primera de Castilla y León, junto a IE Universidad, en implantar titulaciones de grado el curso 2008/2009, concretamente 4. El próximo curso dispondrá de 18 grados en Arte y Humanidades, 7 en el área de Ciencias, otros 7 en el de Ciencias de la Salud, 16 en el de Ciencias Sociales y Jurídicas y 14 en ingenierías y Arquitectura.

También esas experiencias piloto les sirvieron como «entrenamiento» para planificar el resto de titulaciones, en palabras de Domínguez, para quien este proceso, como señalan otros vicerrectores, «supone un esfuerzo para la Universidad porque los recursos son los mismos».

Cuadrar cuentas, no aumentar el gasto para esta adaptación de edificios, material y número de docentes en tiempos de crisis es y seguirá siendo un reto para las universidades, que en el caso de las más grandes en volumen de alumnos, profesores, titulaciones e infraestructuras, como la Usal o la Uva, es aún mayor.

«Ha habido un importante apoyo de la Comunidad autónoma para esos cambios; quizá ahora el problema es poder mantenerlos e intentar que la situación económica nos permita seguir haciendo cambios», apunta, para añadir que las universidades parten de una «planificación optimista que habrá que ajustar a la realidad».

Optimismo

Pero no se muestra pesimista y lanza un mensaje en el que pone de manifiesto que «en crisis como ésta, la gente y las instituciones que salen adelante son las que saben salir para crecer; es la oportunidad para aprovechar los recursos que tenemos y salir adelante más fortalecidos».

Por su parte la Universidad de León puso en marcha en el curso 2009/2010 siete grados, de los cuales, 3 se localizaban en el área de Biológicas. Para el curso próximo serán 36 las titulaciones de Grado que impartan, surgidas, como en el resto de universidades de la región, de la adaptación de las antiguas titulaciones de que disponían a lo marcado por Europa, aunque contarán con un nuevo Grado, el de Educación Social.

Su vicerrectora de Ordenación Académica, Matilde Sierra, asegura que todo este proceso se ha producido «con muchas horas de dedicación, también en los centros, que han elaborado las memorias de los títulos, además de todo el trabajo que tienen que seguir elaborando para implantar el Espacio Europeo y hacer un seguimiento de esa implantación». Todo ese trabajo hecho en la sombra y el que queda por hacer, Sierra lo agradece «al profesorado, porque no tiene todo el reconocimiento del tiempo que se le dedica».

Frente a quien pueda pensar que hay reacciones contrarias al cambio en las universidades, considera que los docentes «se van a adaptar bien e, incluso, los que ya dan clases de Grado no han manifestado problemas», aunque refiere que «lo más complicado quizá sea adaptar y estructurar todos los horarios para los alumnos, pero hay una coordinación docente para que queden recogidas todas las competencias de cada asignatura».

Como en otras universidades, sí que han tenido que adaptar su inicio de curso este primer año de funcionamiento de los grados porque coincidía con las pruebas de acceso a la universidad en septiembre. Las pruebas se celebran a mediados de mes, justo cuando deben se incorporan los alumnos a esos grados y lo que han recomendado a los profesores es, «dependiendo de cada grupo, hacer uno especial de incorporación más tardía o programar actividades más fácilmente recuperables».

Un éxito mayor

Sierra cree que «el porcentaje de aprobados y de éxito entre los alumnos va a aumentar de forma clara». Aún así, aclara que «esto no quiere decir que el sistema anterior fuera horrible o que lo hiciéramos mal».

También han tenido que ir viendo las adaptaciones de infraestructuras que debían hacer y Sierra dice que «se hará el mayor esfuerzo que se pueda» por adaptar el número de profesores a las exigencias de las nuevas metodologías, «aunque esto es a coste cero», puntualiza, y dependerá de las titulaciones. «Quizá este curso se tenga que contratar algo de personal, pero al final, a medida que avance la consolidación del proceso, también se irán consolidando los recursos».

La Universidad de Burgos, que cuenta con 727 profesores y 8.635 alumnos, tendrá el próximo curso 27 grados. El vicerrector de Ordenación Académica y Espacio Europeo de esta Universidad, Manuel Pérez Mateos, dice sentirse «muy satisfecho de la respuesta que han dado los profesores y los alumnos». Estos últimos suelen empezar el curso quejándose de que «están asfixiados de trabajo, pero se adaptan mejor que nosotros porque proceden de sistemas de evaluación continua, que es el que ahora implantamos en las universidades». «Al final, cuando preguntas si han conseguido los objetivos que se marcaron te dicen que sí», añade Pérez Mateos.

Asegura también desde la Ubu —donde se han creado hasta 17 normativas nuevas para la puesta en marcha de los grados— que «ese esfuerzo merece la pena porque en la universidad española no exigimos lo que podíamos exigir; creo que en Europa se exige más».

Quienes han jugado con cierta ventaja al adaptar el espíritu de Bolonia son otras universidades como la Pontificia de Salamanca. Su secretario general, Luis Miguel Pedrero sostiene que «por ser menos voluminosa, la formación de las titulaciones antiguas ya se parecía a la que se plantea con los grados. desde hace años trabajábamos con grupos pequeños de alumnos» y que «lo más complicado ha sido incorporar y encajar las exigencias del BOE en unas titulaciones que ya teníamos». Mantienen su formación humanística como seña de identidad en sus 14 grados, aunque están pendientes de la verificación del Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte.

IE Universidad también fue de las primeras en esa adaptación, con 3 grados funcionando en el curso 08-09, y el próximo tendrán 8, aunque también han solicitado Derecho. Sus títulos bilingües son una de las cuestiones que les diferencia y que potencia la internacionalización de esta universidad y de sus alumnos (dan a clase a alumnos de 38 nacionalidades), algo que está también en la esencia de Bolonia.

En sus titulaciones, según Antonio de Castro, director de Calidad en IE, han intentado que los alumnos «obtengan un perfil profesional muy configurado que integra conocimientos y que sabe los fundamentos de su profesión».

Desde la Universidad Católica de Ávila, que tendrá 9 grados implantados, además de otros 7 dobles grados, Fernando Martín, director de la Oficina de Convergencia Europea y Calidad, indica que «ha sido un proceso laborioso y hemos tenido que implicar a todo el personal de la Universidad, a los profesores y al alumnado». Lo que sí echa en falta esta Universidad es que se les permitiera tener alguna titulación más.

Por su parte, la Universidad Europea Miguel de Cervantes ya ha impartido este curso 9 grados y su vicerrector de Espacio Europeo, Juan Vicente García, resalta el «mayor índice de aprobados porque el trabajo es más continuado. El que suspende no es que tenga un mal día en un examen, es que no ha trabajado». Para este docente, una gran ventaja del nuevo sistema establecido por Bolonia es que «prima la constancia el esfuerzo y la responsabilidad» del alumno.

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