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150 años de Gigantes y Cabezudos en San Fermín

Más de veinte figuras fabricadas en cartón piedra hipnotizan con sus bailes a padres e hijos en las fiestas

gorka moreno

Querida por mayores y niños, la Comparsa de Gigantes y Cabezudos se ha convertido a lo largo de los años en uno de los símbolos más representativos de las fiestas de San Fermín. De ahí que este año, en su 150 aniversario, se le haya concedido a su presidente, Jesús María Ganuza, el privilegio de lanzar el Chupinazo como representante del grupo.

Las cuatro parejas de gigantes forman una corte de reyes que danza siempre bajo la atenta escolta de los cabezudos, los zaldikos y los kilikis, que representan a las autoridades locales. En total son más de veinte figuras fabricadas en cartón piedra que hipnotizan con sus bailes a padres e hijos en las mañanas de San Fermín.

Cuentan que la Comparsa de Gigantes y Cabezudos ha estado presente en las celebraciones importantes de Pamplona desde el siglo XVI. En el XVIII se perdió esta tradición que se recuperó un siglo más tarde gracias a los seis gigantes que se conservaban en la Catedral de Pamplona.

Gran parte de las esculturas de cartón piedra que actualmente encarnan a la Comparsa se crearon hace ciento cincuenta años. Exactamente en 1860, cuando el Ayuntamiento de la capital navarra encargó a Tadeo Amorena la construcción de cuatro parejas de gigantes: un rey y una reina por cada uno de los continentes -América, África, Europa y Asia-. En aquella época aún no había noticias de Oceanía.

Los portadores de los reyes cargan sobre los hombros las figuras, de entre 59 y 64 kilogramos de peso, mientras las bailan. Resulta curioso descubrir cómo estos enormes personajes, que alzados llegan a medir 4,20 metros de altura, se mueven con tanta soltura y elegancia. Los gigantes parece que cobren vida al son de la música de los Gaiteros de Pamplona-Iruñeko Gaiteroa. Los niños más pequeños suelen regalarles sus chupetes, que portan en sus enormes manos durante toda la mañana.

Los primeros en aparecer son los cabezudos, mozos disfrazados que portan grandes cabezas en representación de las autoridades locales. Con semblante serio y andares solemnes, se les conoce como Alcalde, Concejal, Abuela y la pareja de japoneses (Japonés y Japonesa). Se dedican a dar la mano a todos los niños que se lo pidan y fueron creados por el pamplonés Félix Flores en 1890.

Por su parte, los kilikis se diferencian de los cabezudos porque llevan una verga con la que pegan a quienes se les acercan con tono desafiante. Todos portan sombreros de tres picos y con sus caras malhumoradas atemorizan a los chicos, a los que persiguen dando golpes a diestro y siniestro. Los niños les suelen gritar "¡Kilikiki! iKilikiki! iCon el palo, no; con la verga, sí!". Responden a los nombres de Verrugas, Coletas, Napoleón, Patata, Caravinagre y Barbas.

Los zaldikos, que en euskera significa caballos, simulan jinetes montados en sus cabalgaduras y, que armados con sus vergas, corretean junto a los chavales que encuentran en su camino.

La Comparsa sale todas las mañanas de los Sanfermines desde la estación de Autobuses en torno a las 9.30 horas, excepto el día 6 de julio, que comienza su recorrido a las cuatro y media de la tarde. Pasean por las calles del Casco Antiguo y del Ensanche con un itinerario distinto cada día. El día 14 de julio se celebra su último baile en la estación de Autobuses, en un momento muy emotivo que los pamploneses conocen como la Despedida de los Gigantes.

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