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aniversario de la «revolución verde»

«El pueblo de Irán ganará, pero no se a qué precio»

La jueza Shirin Ebadi, premio Nobel de la paz 2003, afirma que Turquía no es el «modelo de secularización» a seguir por Irán

ABC

TATIANA R. BRITO

La premio Nobel de la paz iraní Shirin Ebadi vive fuera de Irán desde la celebración de los comicios de junio de 2009 y la consecuente «revolución verde». Sus cuentas fueron congeladas y el Gobierno embargó sus propiedades tras denunciar las transgresiones y muertes cometidas por Teherán durante la revuelta protagonizada por los jóvenes iraníes ávidos de libertad.

Precísamente la dotación económica del célebre galardón sueco que ganó en 2003 (de más de un millón de euros) fue la excusa para llevar a cabo estas medidas y provocar su exilio. «Cinco años después de recibir el Nobel decían que tenía que pagar impuestos por él, por un premio que está exento de ellos», asegura.

El pasado miércoles fue investida doctora «honoris causa» por la Universidad Europea de Madrid en un acto en el que aprovechó para clamar por los derechos humanos y la democracia en su país. Ebadi explica que los iraníes saben «lo que les depara» un gobierno religioso: «Lo que quieren es un gobierno secular». A pesar de todo, sigue confiando en la expansión del liberalismo en Irán y en el fortalecimiento de la «ola verde» que recorrió las calles de su país hace ya un año.

- Decía usted en el pasado que el liberalismo se estaba extendiendo en Irán. ¿Sigue pensando lo mismo?

- Sí.

- Entonces, ¿verá pronto el mundo un despertar de la revolución verde, que ahora acaba de cumplir su primer aniversario?

- Es así. No tengo ninguna duda de que el pueblo ganará. Cuando un pueblo quiere algo y está unido, lo consigue seguro. Otra historia es saber cuándo se conseguirá y pagando qué precio. A parte de la resistencia de la gente, hay muchas cosas que influyen en hacer que este proceso sea más largo o más corto en Irán: el precio internacional del petróleo, el tema nuclear, la situación política de los vecinos iraníes, Afganistán e Irak, la relación de Irán con Estados Unidos o la protección que hacen o no hacen los rusos y los chinos del Gobierno iraní.

- En el cambio hacia la democracia, ¿los jóvenes tienen un papel protagonista?

- Sí, claro. Los jóvenes y las mujeres.

- En esa lucha por la democracia, ¿los chicos jóvenes ven como iguales a las chicas involucradas?

- Es difícil generalizar, pero puedo decir que la mayoría de los jóvenes ven a las chicas como sus compañeras en el movimiento.

- Entonces hay un relevo generacional, un cambio en la mentalidad iraní.

- Sí, es así. Hay un cambio profundo en la sociedad iraní. Hay que tener en cuenta que los iraníes no somos fundamentalistas. Irán es el único de país de la zona cuya gente quiere y anhela el secularismo, cuando en los otros países vecinos, por razones políticas e históricas, la gente está cada vez más atraída por los gobiernos religiosos. Irán ha soportado 30 años de gobierno religioso, ya sabe perfectamente de qué se trata, y quiere que ese gobierno se convierta en uno secular. Eso no quiere decir que estén en contra del Islam. La gente es musulmana, pero quiere que la religión esté completamente separada de la política, porque se han aprovechado de sus sentimientos religiosos.

- En ese proceso secularizador, ¿ve a Turquía como un modelo a seguir?

No. Turquía se está acercando mucho a la religión, aunque es verdad que su constitución recoge que es un país secular. En la constitución iraní, religión y Estado son uno solo, y este gobierno jamás aceptará cambiar esa constitución.

- En ese nuevo Irán, secular y democrático, ¿cabrán personas de todas las confesiones religiosas?

- Claro que sí. El verdadero sentido de la democracia está en la protección a las minorías no representadas por el poder. Si llega verdaderamente la democracia a Irán, habrá lugar para todos los que vivan allí.

- ¿Qué le parecen las medidas de la ONU contra el programa nuclear iraní?

- Hasta ahora todas las sanciones de la ONU han sido militares y por tanto no afectan como tal a la vida de la gente. Estoy completamente de acuerdo con ellas.

- Pero usted exige más derechos humanos.

- Estoy en contra de las sanciones económicas en ese sentido porque empeoran la vida de las personas. Lo que yo digo es que cuando los gobiernos negocien algo con el Gobierno iraní, deben prestar atención al tema de los derechos humanos y deben protestar contra la situación que hay ahora mismo en Irán.

- Habló usted de las empresas extranjeras que facilitan la represión en Irán durante su investidura como doctora «honoris causa». ¿Los países democráticos de los que provienen dichas empresas deberían hacer algo contra esas acciones empresariales?

- Sí, totalmente. La radio y la televisión en Irán son públicos. Hace dos o tres años, la BBC y la Voz de América empezaron a emitir programas en Irán en lengua persa. El Gobierno se enfadó por la programación que tenían e intentó emitir ondas para impedir su trasmisión. Ambas cadenas retransmitían a través de un satélite controlado por la compañía francesa Eutelsat, que terminó distorsionando ambas señales tras negociar con el Gobierno iraní, y ya no se pueden ver. Así los iraníes no tienen acceso a la información que ofrecían. Eutelsat ha ayudado a la censura.

- Usted ha venido a España a recibir un reconocimiento. ¿Cómo la recibirán en Irán?

- No he vuelto a Irán desde las elecciones de 2009. Desgraciadamente el Gobierno iraní ha confiscado todas mis propiedades y lo justifican diciendo que cuando me dieron el premio Nobel en el 2003 tenía que haber pagado los impuestos correspondientes, cuando en realidad según la ley ese tipo de premios están exentos de impuestos. Después de las elecciones y las manifestaciones, el Gobierno me pidió neutralidad. Y lo soy, no estoy a favor de ningún partido. Pero cuando matan a la gente en la calle, yo tomo parte por esa gente. O cuando a las tres de la madrugada la Policía ataca a un pabellón universitario y mata a cinco de ellos, obviamente tomaré parte por esos universitarios. No puedo cerrar los ojos ante tantas violaciones de los derechos humanos. Entonces el Gobierno me dijo que aceptara las consecuencias. Confiscaron mis propiedades, cerraron mis cuentas y han arrestado a mi hermana y a mi marido cuando no son activistas. A mi marido le obligaron a hablar mal de mí bajo tortura y lo sacaron por televisión. Todo eso pasó porque yo no quise estar callada. A través de mi familia me amenazan de muerte.

- ¿Tiene miedo?

- El miedo es natural, es como tener hambre. Sin querer, se tiene hambre. Cuando una persona se encuentra ante un peligro, teme por su vida. La persona que dice que no tiene miedo o que nunca lo ha tenido, no dice la verdad. Pero trabajar bajo esas condiciones me ha enseñado a soportar el miedo y a que no afecte a mi trabajo.

- ¿Dónde reside actualmente?

- En los aeropuertos.

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