El pasado viernes 18 de junio se cumplieron ochenta años de la creación en Córdoba de la Constructora Nacional de Maquinaria Eléctrica (Cenemesa). Conocida también como Westinghouse, ABB o Electromecánicas, dio origen a un barrio y numerosos cordobeses trabajaron en ella. Resulta difícil escoger a uno de ellos, por lo que hoy nuestro personaje es colectivo: su plantilla.
Fue creada para fabricar, reparar y vender maquinaria eléctrica. El capital inicial, ambicioso para entonces, fue de 12 millones de pesetas. La Sociedad Española de Construcciones Electromecánicas (Secem) suscribió un tercio de las acciones y aportó cuatro naves industriales existentes desde 1921, único recinto productivo de todo el país donde se realizaba la electrólisis del cobre, lo cual le aseguraba materia prima en forma de planchas, tubos, alambre o barras. Cenemesa resultó decisiva en el proceso de electrificación nacional. Realizó motores para el Metro de Madrid, el puente de Deusto y el primer buque eléctrico español, en 1933, y en 1961 creó el transformador más grande de España, con una potencia de 100.000 kilovatios. En 1970 fue comprada por la empresa Westinghouse, en 1987 recuperó su nombre original y desde 1991 pertenece a la multinacional sueca ABB, perviviendo hasta hoy con un modernísimo material y fabricando grandes transformadores para centrales nucleares de países como China o Estados Unidos.
La reconversión industrial de principios de los ochenta le afectó. Primero fueron máquinas Rotativas las que salieron para el País Vasco. Luego fue el desmantelamiento total de Aparellaje y Herramental. Finalmente, la reducción de empleo por las subcontratas en la propia División de Transformadores, desapareciendo de esta forma las Secciones de Carpintería, Aislantes, Calderería, Soldadura y parte de Bobinaje. Se pasó, en fin, de los 1.750 trabajadores en 1973 a los aproximadamente 450 actuales.
La plantilla, entre personal cualificado, no cualificado, administrativo o técnicos, tuvo un gran nivel e influyó en Córdoba en planos profesionales, sociales, sindicales, políticos y hasta lúdicos, manteniendo una caseta en la Feria de Mayo. Fue pionera en los años cuarenta en la contratación femenina y desde principios de esa década hasta finales de los sesenta, tuvo una escuela de aprendices a la altura de las mejores del Estado. La empresa procuró mejoras laborales y económicas a sus trabajadores mediante sueldos dignos y un economato bien surtido de alimentos.
Manuel Estévez, antiguo empleado, ha creado un blog donde recupera la memoria de aquellos profesionales, ya fallecidos, como Rafael Alejandre Centeno, Baltasar Trillo, Bernardo Romero, Rafael Baquero Doctor, Amalia González Cerezo, Manuel Losada Wic, Rafael Ojeda Amaro, Vicente Rojo Fragero, Manuel Olivares Nieto o José Roldán Ordóñez. En la fábrica trabajaron personajes tan conocidos como el escultor Juan de Ávalos, el académico y arabista Manuel Ocaña, el músico y compositor Carlos Hacar o Alfonso López
Garrido, conocido en el ambiente peñístico como el Marqués del Cucharón.
El carácter paternalista de la empresa, cuyo primer director en los años treinta fue Juan Seguela, no impidió que Cenemesa se convirtiese desde 1975 en el vivero de sindicalistas más importante de Córdoba, capital y provincia. Allí surgieron líderes de CC.OO. como Manuel Rubia, Lucas León o Juan Jiménez y de UGT como Emilio Fernández, Germán Toledo o Ildefonso López. Nueve de esos dirigentes sindicales dieron el salto a política local, como concejales socialistas y comunistas, uno fue senador y otro diputado en Cortes.
Con su entorno ajardinado y arbolado, respetuoso con el medio ambiente, y su inconfundible silueta fabril, ubicada en la zona occidental de Córdoba, Cenemesa guarda en su memoria la más brillante etapa industrial cordobesa y sigue viva como referencia y motivo de orgullo.
POR JUAN JOSÉ PRIMO JURADO