La actual ermita del Rocío, sin duda uno de los mayores
epicentros de devoción mariana del mundo, es visitada durante todo el año por cientos de
miles de fieles. Rodeado de marismas y fervores, el Santuario se levanta en un lugar
mágico, esotérico, en el que confluyen todos los caminos.
La primera ermita fue mandada levantar
por Alfonso X «El Sabio» entre 1270-1300, y citada en su «Libro de la Montería», tras
conquistar la tierra a los árabes. El edificio «de diez varas de largo, orientada al
sur, con techumbre de madera a dos aguas y compas» sería de estilo mudéjar.
En aras de su mantenimiento, seguramente, sería sometida a diversas obras de
pequeña entidad hasta que 1585 y gracias al legado de Baltasar Tercero, un sevillano que
más tarde emigraría a las Américas, legó dos mil pesos para que se constituyera una
capellanía en la ermita. El cobro se hizo efectivo diez años más tarde y permitió la
adquisición de tierras.
El Santuario permaneció hasta 1755,
fecha en la que quedó casi destruido en el Terremoto de Lisboa. Por este motivo, la
Virgen fue trasladada a Almonte, donde permaneció hasta 1760, cuando se concluyó su
nuevo templo en la aldea. El altar de esta ermita de nueva planta fue adornado con frescos
que serían sustituidos por un retablo atribuido a Cayetano DŽAcosta.

La antigua
ermita de la Virgen del Rocío en una imagen tomada en la década de los cuarenta que
recoge la llegada de un Simpecado
En 1961, el Cabildo de la Hermandad
Matriz de Almonte decidió levantar un nuevo Santuario, que recibió el impulso del primer
obispo de Huelva, monseñor Pedro Cantero Cuadrado, quien colocó la primera piedra el 26
de enero de 1964. Fue proyectada por los arquitectos Alberto Balbontín Orta y Antonio
Delgado Roig con planta de cruz latina, tres naves, un triforio y al fondo, la capilla
mayor. La ermita fue bendecida el 12 de abril de 1969 por el entonces obispo de Huelva,
monseñor José García Lahiguera, y el domingo 13, la Virgen del Rocío entró por
primera vez en su nuevo templo.

En 1999 se
inauguró el nuevo Retablo y Camarín de la Virgen, una impresionante obra digna de
albergar a la Blanca Paloma.