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El Monte recupera los murales de González Santos El maestro de Carmen Laffón

Profesor a los 21Manuel González Santos ya era destacado como «reputado artista y destacado pintor» en los periódicos de 1901, pese a que tenía tan sólo 21 años y ya era profesor. Se formó en la

Uno de los murales rescatados de la casa del pintor González Santos y ya restaurados y expuestos en la Fundación el Monte. NIEVES SANZ

En marzo de 2004 se inició un proyecto singular en Sevilla: el rescate de dos de los tres techos con las pinturas murales del pintor Manuel González Santos, instalados en varias habitaciones de la que fue su casa y estudio en la céntrica calle Ángeles y que datan de los primeros años del siglo XX.

Ayer, tras seis meses de trabajos de recuperación de los murales, se han presentado dos de los tres existentes, dado que el tercero, sito en lo que era el estudio del pintor, se encuentra en un estado difícil de recuperar por su estado de conservación, aunque el presidente de la Fundación el Monte, Angel López, dejó caer que probablemente se iniciaría también ese proyecto, añadiendo que, «estos murales se convierten en una joya de la colección del Monte que tiene una tendencia regionalista. Hay quien critica esto, pero este presidente piensa que una colección debe tener especialización».

La situación de deterioro de la casa y unas obras colindantes con la misma, había afectado negativamente a los murales. En los techos se apreciaban problemas de envejecimiento de los soportes, así como en los forjados y en estratos de color.

Un equipo dirigido por el restaurador José Carlos Roldán, y coordinado por Esther García, junto a otros siete técnicos especialistas han realizado esta operación. El «alma mater» de esta iniciativa que ha salvado los murales es la nieta del pintor, Adela Perea González, quien dijo que su sueño era que esos frescos se vieran expuestos en un espacio público.

Uno quedó en la casa

Dos son los murales extraídos. El primero es una «Cenefa decorativa», de 3,46 por 3,30 metros con una composición muy influida por la estética japonesa. La segunda es «Fantasía con cinta y palomas» más alargada pues tiene unos 3,10 por 3,96 metros y de tendencia modernista-simbolista.

Una de las dificultades en la realización de la extracción de estos murales ha sido la estabilización de los distintos estratos y diversidad de yucos y estucos de la pared, por lo que hubo que fijar primero la pintura, que en algunos casos también se desprendía.

José Soto, que ha realizado la instalación de la pieza en el Monte, ha destacado la importancia de González Santos, «como pintor muy tradicional. Fue un artista de enorme calidad y conocedor del modernismo de la época», Soto destaca de la obra de González Santos, «su labor docente, que realizaba en el estudio de su casa».

Un «Hueco abierto al cielo con decoración de flores y parras» es el mural que se ha quedado en su sitio original, el estudio del pintor, debido a su actual estado. Es una visión clásica de tradición italiana.

Profesor a los 21

Manuel González Santos ya era destacado como «reputado artista y destacado pintor» en los periódicos de 1901, pese a que tenía tan sólo 21 años y ya era profesor. Se formó en la Escuela de Bellas Artes y fue discípulo de Narbona, aprendiendo la técnica de la decoración al temple con un oficial de Cavallini, Manuel Cañas. En Sevilla se conservan escasas pinturas murales en zonas domésticas, siendo éstas por ello de enorme importancia, además de por su autoría.

El maestro de Carmen Laffón

Manuel González Santos fue el primero que se dio cuenta, allá en su estudio donde impartía clases de pintura, que aquella niña diminuta y callada de catorce años, tenía madera de artista. Aquella jovencita que acudía disciplinadamente a sus clases era Carmen Laffón. Fue González Santos quien convenció a los padres de Carmen de que la niña debería seguir estudiando y aprendiendo el oficio de pintar, como así fue.

Años después, su discípula, que nunca le ha olvidado, ha sido una de las impulsora del rescate de los murales de su maestro. Además, en homenaje a él, Carmen Laffón le regaló un paisaje titulado «Bunganvilla en Sanlúcar», que retrata una parte del jardín de la casa que el artista tenía en Sanlúcar de Barrameda, en la Jara, y que según su nieta, «se conserva casi igual que en tiempos de mi abuelo».

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