El «arquitecto de Dios», camino de los altares

Aunque no todos lo saben, el proceso de beatificación de Antoni Gaudí sigue su curso en Roma desde 2003, avalado por 1.200 documentos sobre la vida y la espiritualidad del arquitecto catalán

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  • Uno de los patios de la «Casa Batlló» (izq.) e interiores de la Sagrada Familia (Foto: ABC)

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JUAN VICENTE BOO | CORRESPONSAL EN ROMA

Antoni Gaudí, el «arquitecto de Dios», no quería que la gente se fijase en su persona sino en el templo al que dedicó en exclusiva los últimos diez años de su vida. Quería que los detalles artísticos de la Sagrada Familia llevasen a conocer mejor a los verdaderos protagonistas: un carpintero, una muchacha y un niño en una modesta casa de Nazaret.

Pero a pesar de su humildad –o, más bien, en parte a causa de ella- Antoni Gaudí va camino de convertirse en el santo patrón de los arquitectos, acogidos hasta ahora a la protección de Fra Angélico y San Lucas como el resto de los artistas.

«El gran arquitecto vestía de modo tan humilde que le tomaron por un indigente»

Gaudí era a la vez un filósofo, un genio renacentista y un santo, como demuestra la extensa documentación acumulada en la Santa Sede desde que su trabajo apareció en «L’Osservatore Romano» en 1921. Los documentos que acreditan su piedad y sus virtudes llegaron en el 2003, entregados por el entonces arzobispo de Barcelona, cardenal Ricard María Carles.

Igual que su templo es visible a muchos kilómetros de distancia, la santidad de Antoni Gaudí era patente, y así lo reflejó la prensa a raíz de su inesperada muerte en 1926, después de ser atropellado por un tranvía. El gran arquitecto vestía de modo tan humilde que los camilleros le tomaron por un anciano indigente y le llevaron al hospital de beneficencia de la Santa Cruz, donde Gaudí, visitando a mendigos enfermos, se había inspirado para su escultura de «la buena muerte» en una de las puertas del templo. Tres días después el famoso arquitecto catalán fallecía en el más completo anonimato.

Devoción espontánea

Su causa de beatificación ha sido promovida sobre todo por laicos de profesiones liberales, y ha avanzado en buena parte gracias a la Asociación pro Beatificación de Antoni Gaudí, presidida por el arquitecto José Manuel Almuzara.

«Su beatificación ha sido promovida por laicos de profesiones liberales»

El 9 de julio del 2003, Almuzara acompañaba al cardenal Ricard Maria Carles, arzobispo de Barcelona, en el acto de apertura del proceso en la Congregación para las Causas de los Santos, donde se rompieron los sellos de las cajas que habían traído desde Barcelona 1.200 documentos sobre la vida y la espiritualidad del arquitecto, la devoción popular espontánea y favores obtenidos por su intercesión.

Les acompañaban la postuladora de la causa, la abogada argentina Silvia Correale, quien supervisa ahora la preparación de la «positio» -una extensa biografía centrada en cómo vivió las virtudes cristianas- con la ayuda del biógrafo Josep Maria Tarragona y la guía del relator, el capuchino Vincenzo Criusculo.

Con ellos venia Etsuro Sotoo, un escultor japonés que ejecutaba las esculturas de Gaudí. Sotoo manifestó aquel día a ABC que «yo llegué hace 25 años a Europa para estudiar arte y me encontré con Gaudí. A los diez años de estudiar su trabajo y mirar hacia donde él miraba me convertí al cristianismo. Pero nunca pude imaginar que acabaría viniendo a Roma para asistir al inicio de su causa de beatificación. Para mí todo esto es un milagro por partida doble». Y milagros espirituales de Gaudí hay ya muchísimos más.

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