No es hombre dado a aspavientos. Tampoco en política. A Joan Herrera, candidato de ICV a las elecciones autonómicas del próximo 25 de noviembre, se le reconoce el mérito de aguantar el tipo ante la debacle de sus socios del tripartito.Resistió como reza su película favorita «Con la muerte en los talones», aunque el desgaste del gobierno de izquierdas le pasó finalmente factura (en 2010 perdió dos diputados con respecto a los comicios de 2006). El apoyo dentro de ICV, sin embargo, se mantiene, y ha revalidado su candidatura con prácticamente el 96% de apoyos (un punto por encima más que en los comicios de 2010). Autodefinido como ecosocialista, omnipresente en las redes sociales, usuario diario de la bicicleta, aficionado a la natación y reconocido «culé», aspira a a ser el acento nítidamente de izquierdas dentro del bloque soberanista en los comicios del 25N. Su meta no es menos ambiciosa que en otras carreras electorales, aunque quizás más atractiva para el votante de izquierdas que se identifica como progresista y catalanista, y al que no seduce el discurso estrictamente soberanista de CiU y ERC. Herrera es consciente de la desafección de una parte de la izquierda catalana con respecto a la desorientación del PSC, y en ese caladero espera pescar. "Ni en las primeras elecciones de la democracia había tanta gente que dudaba», reconoció recientemente en declaraciones a los medios. Frente a las propuestas de la derecha nacionalista catalana, Joan Herrera opta por una alternativa federal que reconozca a las naciones «el derecho a decidir» (junto a ERC apoyo en el Parlament la moción de CiU en la que se proponía celebrar la consulta soberanista en los próximos cuatro años).