VACACIONES de humanidad es lo que Ortega veía en la caza, la única ocupación que permitía al hombre el retorno —artificioso, ay— a la Naturaleza. Mas como la generación Disney ha criminalizado la caza, el único medio de revivir una existencia animal que nos queda es el sinculotismo chancletero de los nuevos madrileños. No se me ocurre una respuesta más directa a la llamada de la selva que pasear ataviado de mandril, es decir, en pernetas y chancletas, por la calle de Serrano.
—Porque es el pasado voluptuosa sirena —dice Ortega—. Tiene «sex-appeal».
Los lógicos ingleses sostenían, sin embargo, que no se puede sostener ninguna creencia sobre el pasado, porque cualquier intento de justificarla sería circular: lo más que se puede hacer es inspeccionar un recuerdo por medio de otro, un informe de memoria por otro...
—De ahí que sea totalmente verdadero decir, como dijo Russell, que según todo lo que podemos «probar», según todo lo que podemos demostrar, el mundo podría haber comenzado a existir hace cinco minutos, con la gente ya completamente crecida que recuerda de modo ilusorio un pasado totalmente irreal.
La idea nacional de Zapatero, o de quien mece su cuna, se basa precisamente en esta hipótesis: España tiene cinco minutos de historia. O dicho de otro modo: en España no hay otro pasado que el de Pío Moa, al decir de los saltimbanquis del periodismo de progreso, que no se plantean aplicarle ese sinapismo a Alberti.
—¿Qué le parece en amor más importante, el pasado, el presente o el futuro, esto es, la nostalgia, la realidad o la esperanza? —pregunta Ruano a la Baker.
—El amor no tiene tiempo.
Como esta España.
El buen marxista cree que la humanidad se separará riendo de su pasado. Y a risotada limpia anda España separándose del suyo.
Por una iniciativa legislativa popular (ielepé) se ha prohibido en Cataluña los toros. ¡Ah, el fascismo de la identidad! Contra el fascismo de la vulgaridad uno promovería una ielepé para prohibir en la capital el sinculotismo y las chancletas. Y tengo un amigo que piensa en promover una ielepé para prohibir el trabajo en Andalucía, donde, por otro lado, sería tan absurdo como prohibir los toros en Cataluña, dado que los dos espectáculos, toros en Cataluña y trabajo en Andalucía, son inexistentes.
No es una tragedia.
—La tragedia —explica Ruano— requiere un ambiente trágico, una ridícula lucha de los últimos y débiles elementos de la felicidad contra la desgracia que llega. Si de un salto se coloca uno más allá de la desgracia y se echa a dormir, la desgracia no suele clavarnos el diente.
Lo de cerrar los ojos para que no nos vean no es ninguna tontería.