Ni para detrás ni para delante. España ocupó en 2011 la posición 31 en el ranking de percepción de la corrupción que todos los años elabora la organización no gubernamental Transparencia Internacional y este año, según los datos que se acaban de hacer públicos, ocupa el puesto 30, un «avance» que no se puede considerar significativo, según aclaró durante la presentación del informe Manuel Villoria, del Instituto Universitario Ortega y Gasset y uno de los responsables de este trabajo.
Chile y Uruguay, por delante
En su triste trigésimo lugar del ranking, España aparece empatada con Botswana y levemente por delante de Estonia (31), una situación que confirma que nuestro país no se ha recuperado de un cierto deterioro en los últimos años, pues llegó a ocupar el puesto 21. Si se toma como referencia Europa, España está en la posición 16, no muy halagüeña, aunque bastante más digna que la de Italia (72) o Grecia (94), y algo mejor que la de Portugal (33). En el ámbito de los países latinos, cabe mencionar que dos naciones del Cono Sur, Chile y Uruguay, aparecen muy por delante de España, empatadas en la posición 21.
Durante el acto de presentación de estos datos, aunque se matizó que lo que refleja el estudio es la «percepción» de la corrupción y no la casuística de corrupción propiamente dicha, el jurista Antonio Garrigues apuntó que este listado refleja «la verdad», pues tanto los cuatro primeros lugares (Dinamarca, Finlandia, Nueva Zelanda y Suecia) como los cuatro últimos (Sudán, Afganistán, Corea del Norte y Somalia) responden a una objetividad perceptible por cualquiera.
Por su parte, el catedrático Jesús Lizcano, presidente de Transparencia Internacional en España, hizo notar que fenómenos como la «primavera árabe» no han ayudado en absoluto a los países de ese ámbito cultural y geográfico a mejorar sus posiciones y continúan siendo percibidos como muy corruptos, con notas a veces por debajo del 3 (Irak, Libia, Yemen, Siria, Irán).